viernes, 2 de diciembre de 2016

Volver a los orígenes

“Donde una puerta se cierra, otra se abre” - Miguel de Cervantes Saavedra. 

Muruaga en Mitre luce el número cinco que siempre lo acompaño. 



El punto de encuentro es en la avenida Belgrano 1547 de la capital tucumana, la casa de Asociación Mitre. El tiempo y el destino aparentaron ponerse de acuerdo para que mi llegada y la de él fueran simultáneas. Apretón de mano con saludo cordial y un “choque los cinco” con el rubio, de aproximadamente un metro de altura, que lleva de su mano izquierda.
Emprendemos el ingreso por un pasillo largo. Al final del mismo una puerta ploteada con el escudo de la institución y la frase “Bienvenidos al estadio Dionisio Muruaga”. En el camino, niños y adultos saludan al jugador que la noche anterior aportó 12 puntos para la segunda victoria de su equipo en el Torneo Nacional de Acenso.
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José Enrique Muruaga tiene 32 años de edad y mide 1.91 metros. Herencias familiares lo ligaron al mundo del básquet. Dionisio se llamaba su abuelo, nombre que hoy tiene su segunda casa, Asociación Mitre. Su apodo “Pepito” es el diminutivo de “Pepe”, el sobrenombre de su padre. Todos picaron la naranja en un mismo lugar, José continúa haciéndolo y también aporta su experiencia en la parte dirigencial de la institución


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Metros antes entrar a la cancha se comienza a escuchar el grito de felicidad de los chicos, la pelota rebotando en el piso de madera, el chillido que generan las zapatillas al frenar en el piso deportivo y un aroma peculiar que poseen la mayoría de las canchas de básquet, ese que mezcla el cuero y la goma desgastada de las zapatillas y pelotas.
-¿Puedo sacarme una selfie con vos? – Le preguntó un pibe de unos 11 años entre sonrisas.

Accede y lo asume como algo natural. En alguna etapa de su vida se acostumbró a las muestras de cariño que le brinda la gente. Luego de la foto giró su mirada hacia mí y soltó una frase acompañada de un guiño de ojo:

-Tengo que aprovechar, son los últimos cartuchos que me quedan.
Un gesto que comienza a delatar su personalidad, con palabras que dejan en claro que aprovecha y disfruta de su presente.

Nos ubicamos en la única tribuna de cemento, la más alejada de la puerta de ingreso para evitar interrupciones y comenzar la charla. Como generalmente suele suceder, el entrevistado larga la primera interrogación:

-¿Qué me vas a preguntar?

Asienta con la cabeza, cruza los dedos de las manos y relaja su espalda. Su mirada esta puesta en el entrenamiento de los chicos, su cerebro comienza a recopilar viejas imágenes, olores y sensaciones.
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Su niñez fue la de un niño como cualquier otro, entre figuritas, bolillas, amigos y pelotas. Es el menor de tres hermanos y el único varón.

-Un mimado que tuvo tres mamá- se autodescribe.


Mientas recuerda su etapa de niño, sus pensamientos se cruzan y se lamenta que sus hijos no podrán jugar en la calle como lo supo hacer su papá. Jugó al fútbol, hizo natación e incluso sus compañeros de colegio lo llevaron a practicar rugby en Cardenales, pero en su ADN hay otro deporte. 

-El básquet es todo en su vida. Desde que se levanta hasta que se acuesta- confiesa su esposa Carolina.

Acompañó y vio entrenar a su padre desde pequeño. Uno de los tantos juegos que disfrutó con sus amigos era el de embocar la pelota en un aro que le había regalado su papá y luego colocado en la calle.
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Integró las selecciones nacionales de cadetes y juveniles. Fue el goleador argentino en el mundial juvenil de Grecia 2003. Campeón Sudamericano en los años 2002 y 2005, subcampeón Panamericano 2003 y 2006, entre otros logros.

-Nunca soñé con jugar la Liga Nacional, no sabía que era. Siempre aluciné con jugar en mi categoría y hacerlo bien. El básquet local estaba muy bien armado, eran grandes competencias. En esos momentos era muy difícil jugar en la primera del club, ese era mi sueño- recordó.

No solo logró cumplir su sueño y jugar el Torneo Nacional de Ascenso con su club a los 20 años, sino que fue el máximo anotador de la categoría en ese torneo. También consiguió jugar en la élite del basquetbol argentino donde logró títulos nacionales e internacionales.

Debutó en la Liga Nacional como ficha menor del club Belgrano. Pasó por Libertad de Sunchales, Estudiantes de Olavarria, Peñarol de Mar del Plata (donde fue campeón del Súper 8 y de la Copa Desafío), Estudiantes de Bahía Blanca, Lanús y Quimsa (vistiendo esa camiseta salió Campeón de la Copa Argentina, Copa Sudamericana y Copa Desafío).

En tres ocasiones tuvo el mejor porcentaje de tiro de tres puntos y fue seleccionado en el quinteto ideal en dos oportunidades. Disputó dos Juegos de las Estrellas y en uno de ellos fue elegido como el jugador más valioso.

Además de utilizar la camiseta de Mitre en la segunda división del básquetbol de nuestro país, TNA, también usó la de Central Córdoba y la del eterno rival del "Verde de la Plazoleta", Tucumán BB.

Representó a la provincia durante 13 años. Jugó en el seleccionado mayor desde el año 2002 hasta el 2015. En su último Campeonato Argentino pudo lograr el tan ansiado título de campeón y fue el mejor jugador del torneo.


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Con una corta trayectoria y pensando en el futuro de su carrera como basquetbolista, tomó la decisión de cruzarse de vereda y jugar para Tucumán BB. Esta decisión le hicieron ganar un sin fin de críticas, incluso de los hinchas de Mitre.

Levantó las pestañas, suspiró y reflexionó:

-A lo largo de mi vida siempre recibí esas cosas. Es parte de la vida. El que trata de hacer cosas distintas es un punto de la gente que no te conoce y tienen el afán de denigrar y criticar.


Su tono cambió, la voz fue tomando fuerza y seguridad. Como aquel que tiene confianza en uno mismo, que no se arrepiente de la dirección que tomó en su camino.

-Hoy las tomo como algo que quizás me da fuerza a seguir haciendo cosas, toda mi vida fue así y hasta el día de hoy me viene resultando bien.


El impulso de sus palabras hizo que se reflejaran en su lenguaje corporal. Con un poco de nerviosismo cerró el puño de su mano derecha y lo llevó al pecho en cada oración que continó diciendo:

-En mi carrera me pudo haber ido mal, bien o como sea. Pero siempre estuvo en mí ser el dueño de mi destino, el comandante de mi propia vida. Hacer cosas que pueda realizar y no dejar de hacer nada por miedo a cosas o fijarme en lo que pueden decir los demás. Hoy me enfoco en mi vida y en la gente que quiere- se tomó unos segundos, se relajó y finalizó la idea riendo –los demás no me interesan.


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Hay momentos en que el destino pareciera que te juega una mala pasada. Aquellos en los que se deben renunciar a algunas cosas para ir en búsqueda de otras. La vida de las personas se basa en decisiones.

En el año 2011 su madre sufría problemas de salud. A sus dos hermanas se le complicaba cuidarla y acompañarla por circunstancias laborales. Misma situación que la de su padre.

En ese entonces José jugaba para Lanús la Liga Nacional. La lejanía y los problemas lo llevaron a tomar la decisión de dejar todo para poder acompañar a su familia en un momento tan delicado y difícil.

La del "Granate" fue la última camiseta que usó en la primera división del básquet nacional.


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De regreso en Tucumán, conoció a Carolina Sosa, su actual esposa. Con ella formó una familia de cuatro integrantes, tiene dos hijos: Joaquín y Eloisa.

Ojos vidriosos de felicidad y sustento, sonrisa de plenitud que pareciera describirlo repleto, señales que manda su cuerpo al hablar de la importancia de su mujer de una manera sencilla
 y significativa:

-Es un motor que me tira para adelante. Cuando llegan las cosas malas es la que te hace pisar fuerte, agarrarte de ella y trepar para estar mejor.

"El amor de un padre a un hijo no se puede comparar”, dice una de las estrofas de la canción de Los Fabulosos Cadillacs.

-Me cambiaron mi forma de pensar la vida. Son mi cable a tierra, la fuerza de uno. Ya pasé muchas etapas de mi vida. Trabajo para que ellos tengan sus cosas, se puedan dar sus gustos y felicidad. 


Hasta comienzos de la temporada 2015/16 del básquet argentino, recibió ofertas de equipos de Liga para jugar. Una de sus razones principales por las cuales sigue en la provincia es su familia. Otra es el compromiso que asumió junto a su padre.

José Muruaga junto a su esposa Carolina y sus dos hijos.

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Sus gustos de películas lo describen. Aquellos films como la saga de “Rocky Balboa” que dejan un mensaje reflexivo. Pareciera identificarse con el boxeador que cae a la lona y se levanta antes de la cuenta de los 10 segundos para seguir en la pelea.

Regresó a la provincia y jugó en Talleres de Tafí Viejo durante dos temporadas del Torneo Federal. Allí sufrió una lesión en su rodilla que lo alejo de la canchas por un tiempo y que lo motivó a seguir en busca de desafíos.

Sentados en la tribuna de Mitre, mientras algunos chicos juegan al básquet, otros corren por los costados esperando su turno para entrenar y del otro lado un desfile de personas que salen y entran al club para realizar alguna disciplina como la gimnasia, taewon-do o natación. La leve brisa de la tarde noche trae consigo ese aroma a pileta, al cloro del agua, el ruido de la misma, junto con los saltos en el potro de los que practican la gimnasia artística y el bullicio de la pelota picando, dejan notar la actividad que tiene la institución en la actualidad.

Con deseos de superación y junto a su padre tomaron el desafío de llevar la posta de un barco llamado Asociación Mitre.

-Arrancamos un proyecto de tres años muy ambicioso. El club estaba en un momento difícil. Los árbitros no querían dirigirnos, no había camisetas ni pelotas. Comenzamos de a poco. En dos etapas jugamos la ex Liga C. En la primera participación recibimos la invitación para jugar el Torneo Federal y no lo hicimos. Al club le faltaba un toque de horno. Luego salimos campeones de la ex Liga C y ahí si encaramos el Federal. Anduvimos bien y ahora estamos en el Torneo Nacional de Ascenso. Poca gente sabe todo el esfuerzo que se hizo para poder participar. Golpear puertas durante mucho tiempo, hablar con gente, fue un esfuerzo muy grande. Esas cosas a uno lo reconfortan.

José Muruaga volvió a sus raíces. El club que lo vio crecer. Recibió y recibe críticas de sus simpatizantes y de otros también. Es consciente de que el báquetbol tucumano carece de nivel cultural y de apoyo. No bajó los brazos a pesar de los desvíos que tuvo que tomar en su carrera. Hoy es una mezcla de jugador-dirigente que encara el proyecto más importante que tiene el básquet de la provincia.

Es un ambicioso con pies sobre la tierra. Abraza la naranja como un hijo y traza en su recorrido metas cortas para poder cumplirlas. Durante el periodo de tres años que se encuentra en el club, rechazó varias ofertas para volver a jugar en los equipos de élite. Una persona de la vieja escuela, que le da valor a su palabra y que sin querer lo hace notar cuando habla de su próximo sueño:

-Quiero cumplir con las cosas que arranqué, estar bien en el trabajo, con la familia, las cosas de la casa y el proyecto del TNA. Soy una persona que no abandono el barco, cumplo con la cosas. Puedo estar bien o mal, son situaciones de altibajos, pero hay que cumplir de la mejor manera.






El Comandante




¡Perón, Perón que grande sos! ¡Mi general cuanto vales! ¡Viva Perón! ¡Cantá Paco, cantá!- escuche a lo lejos mientras ingresaba por el portón de aquella casona amplia con un pasillo interminable. Me paré en medio  junto a la columna donde terminaba el enorme tinglado y observe las tres primeras habitaciones que parecían oscuras y frías. Sentí el silencio abrumador y poco a poco vi que comenzaba a acercarse lentamente hacia a mi con dificultad, mi corazón se aceleraba cada vez más. Lo tenia frente a mi, con una mirada penetrante como mira quien huyó de la muerte tantas veces y a la vez tan pasivo como quien va muriendo lentamente por el peso de los años y de una enfermedad silenciosa que lo aniquilaba lentamente. Podría llamarlo Juan o Pedro, quizás Luis o Enrique o con alguno de las infinidades de nombres que pudo tener una persona de 80 años en su vida para ocultar su identidad. Yo preferí llamarlo de la manera en que sentía que su alma se conectaba para que el pasado se hiciera presente.
- ¡COMANDANTE, SI SEÑORA! Comandante Uturunco ¡Nadie, jamás en su vida hizo todo lo que yo hice por Perón, por mi general!


Cualquiera que lo viera diría que estaba desquiciado, hasta yo sentía que era una locura todo esto y la escena lo representaba aún más. Sin darme cuenta él ya estaba recostado en su sillón con los ojos semis abiertos y yo a un costado en una silla con mi grabador y mi cuaderno esperando el inicio de la carrera para involucrarme en su historia. Recordaba, suspiraba y bostezaba de vez en cuando como un niño chiquito a punto de entrar a un sueño, yo entré en ese mar de recuerdos.

- Vi a Evita bajar de ese auto negro con un vestido azul, había un tumulto de gente, todos la idolatraban y ella tan hermosa y gentil nos saludaba, yo que estaba adelante de puntas de pie agarrándome de un poste para no caerme le grité: ¡EVITA!, ¡EVITA!, ¡VIVA EVITA!
 Ella me miró con los ojos llenos de compasión humana y mientras seguía su camino no dejaba de observarme. Desde ese entonces supe algo iba a cambiar en mi vida y que quería ser un guerrero como ellos lo fueron.

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Juan Carlos Diaz era un niño de campo, el mayor de tres hermanos y de una familia bondadosa. Su padre trabajaba en el ferrocarril, en la localidad de La Madrid, al sur de la provincia  y su madre era sub delegada de la fundación Eva Perón, donde se encargaba de escribir cartas de pedidos que la gente humilde necesitaba y luego distribuía la mercadería correspondiente a cada familia. Era tanto el trabajo, que Juan pasaba más tiempo en la casa de su tío Carlos trabajando la tierra de una pequeña huerta  y en las vacaciones de verano madrugaba a las 5 de la mañana para acarrear las vacas y ordeñarlas. No le temía a nada, la oscuridad no era un obstáculo ni los mitos un impedimento, pero de que ocurrían cosas extrañas, no cabe duda que ocurrían.

- ¿Por qué te mordés las uñas?-  Me dijo y me sobresalté, ni siquiera me dejó defenderme y continuó analizándome
- Dicen que las personas que se muerden las uñas es por que están impacientes o le temen a algo. Yo jamás le temí a nada, aprendí a tomar coraje en el monte.

 En medio de tanto palabrerío centré mi mirada en el retrato de sus padres  para seguir la historia de cerca.  Podía percibir el pasto, los arboles, las flores, el ruido de los coyuyos en la tarde y hasta el aroma a tierra mojada de una lluvia pasajera.  Las tardes de su niñez eran bastante pesadas, cualquier cosa podía pasar, la sensación de que alguien lo observaba duró hasta que tomó valor para enfrentarlo.  

- Todo el tiempo me perseguía el “P... que lo parió”
- ¿Quién?
- Así lo llamaba mi tío, solía salir a la siesta o al anochecer.

Recordo el día que  jugando a las escondidas no podía encontrar  Rosa, su hermana más pequeña  y buscando desesperado vio que esa sombra disminuta y con gran sombrero de paja se la llevaba por el monte de la mano. Le gritó varias veces para que ella reaccionará  y cuando volvió en si se prendió de sus piernas llorando y gritando, por poco Juan no perdió a su hermana.

Había pasado tres días de idas y vueltas a la casa del comandante, de charlas que entre mate y mate terminaban cuando el cielo se tornaba oscuro por completo y aun no podía sacarle ni una sola palabra de la guerra, de esa lucha que marcó su vida. Me hablaba de su infancia, de las extrañezas que ocurrían en su hogar , como aquella vez que su hermano “ Tucho” con dos meses de vida dormía plácidamente en la cama matrimonial de su madre mientras él jugaba con sus autitos en el rincón de la misma habitación , de repente alzó la mirada y vio como el pequeño rodó por la misma y cayó al suelo inconsciente. Jamás supo explicar lo ocurrido, sólo recuerda ese alboroto de personas que ingresaron en un instante y a su madre Carmen arrodillada  ante la imagen de la Virgen del Rosario  con su bebe en brazos implorando por su vida. Tucho no volvió a ser el mismo, creció con una capacidad diferente a los demás debido al fuerte golpe en su cabeza, tenía problemas en el habla pero aun así era un niño muy inteligente y sabia comunicarse bien.

Juan creció con una buena educación, sus padres eran muy estrictos y siempre le inculcaron el valor del respeto hacia su prójimo. Su vida escolar se desarrolló en la Escuela Primaria 271 , allí le enseñaban lo que era la verdadera disciplina: Los alumnos debían asistir impecables a la institución , sus cuadernos no podían tener ni un rasguño, ni hablar de las salpicaduras del tintero al escribir con pluma. Si había una distracción el docente golpeaba sus cabezas o sus manos con un puntero y si había disturbios entre compañeros citaban a los padres y por ende  ganaban penitencia asegurada.

Si a alguien temían allí era a la directora de aquel establecimiento, la Señora Tula, una mujer alta y fina, de un corazón frio. Jamás llevaba una sonrisa en el rostro y cada vez que pasaba por un lugar los alumnos debían pararse y saludarla con respeto. En una de esas ocasiones en que la mujer ingresó al aula Juan largó una leve risa y sin posibilidad de explicación lo dirigió de la oreja a la dirección en donde pasó toda la tarde escribiendo en su cuaderno:  “ Debo respetar a los mayores”. Al enterarse sus padres fue la primera vez que recibió tres marcas en su espalda con un cinto y dos semanas sin escuchar fútbol por la radio.

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Era un día miércoles cuando volví a ver al comandante después de una semana sin comunicación, entré decidida a ir al fondo del asunto, mi ansiedad de saberlo todo me consumia. Él estaba sentado en el sillón leyendo el diario, me senté en la silla de siempre y luego de un rato de opiniones de transito y espectáculos me dijo:
- Yo tenía 15 años cuando murió mi padre, no pude estudiar más porque tuve que trabajar para tomar el mando de la familia, mis hermanas tenían que terminar la primaria y mi mamá también hacia lo que podía, fue madre y padre a la vez, todos los días trataba de que la ausencia de mi tata doliera menos.
Hice silencio por unos segundos con la vista clavada al suelo y el continuó diciendo:
- Seis años después le dije a mi mamá que me iría a militar con resistencia peronista, ella estaba aterrada por mí y temía por mi vida, pero logré calmarla con cuentos que ni yo mismo lo creía. ¡Pobre mi mama como ha sufrido!

Dos años después del exilio del presidente Juan Domingo Perón a Panamá se introdujo en la lucha política por la vuelta del General, en contra del cierre de los ingenios y batallando por la reivindicación  de las personas en sus trabajos. Con la resistencia peronista Juan partió a los cerros tucumanos junto a ocho compañeros, allí lo bautizaron como “Uturunco”, nombre que le dio “Doña Mari”, una de las tantas mujeres que viajaba a Bolivia para traficar los explosivos con los que se disponían a atacar.  Así se inició la banda de los Uturuncos y Juan fue nombrado comandante de operaciones  por ser el más valiente y conocer a la perfección cada rincón de los montes.

Eran ocho al principio: Enrique, Franco, Pedro, León, Romario, Santiago, Raúl y Juan. Ya habian asaltado a la policía de Alto Verde y el ferrocarril , salían en vehículos a la ruta para tomar el cuartel de bomberos y robar armamentos. Todo lo hacian por el pueblo, ni un solo peso de lo que robaban era para su beneficio personal, todo era para ayudar a los pobres.

- En una de las tantas operaciones que realizamos atacamos la casa de Ramón Paz Posse, uno de los infelices más grandes que había, la casa todavía está por calle Rivadavia y Mendoza, donde funciona la casa central del Siprosa. Eran las once de la noche, a esa hora no había nadie afuera, yo tomé un caño y lo mandé por el veintiluz de abajo donde era la cocina, recuerdo que voló esa parte del edificio, no todo pero si toda la cocina, no había nadie ese día allí, nosotros siempre  actuábamos cuando estaba deshabitado.

Juan hablaba con soltura , sin pelos en la lengua, podía sentir su confianza en mi , tenia la sensación de libertad al contarme todo, esa libertad que perdió por ocho años en la cárcel de Villa Urquiza donde lo torturaban con picanas para que delatara a sus compañeros, jamás consiguieron sacarle una palabra .




Al salir de la cárcel fueron a su encuentro militantes para informarle que había gente de Cuba, amigos del “Che” Guevara que ya tenían su guerrilla y querían sumarse a la revolución, Juan habló con el “ Vasco” quien formaba parte de la FAN ( Fuerza Armada de la Revolución Nacional ) y allí hicieron alianza.

Le había ganado a la muerte tantas veces que daba miedo imaginarse. Una de las tantas fue en aquel viaje a Buenos Aires, donde se reunían secretamente a distribuir sus armamentos. Ese día estaban en el edificio de calle Posadas al 2800  contando sus armas de ataque, había un 50% de gelinita. En ese apartamento se hallaban “ Chifle”, Lito Felman, Hugo Perini, Ernesto González, el “flaco” Rey, el “ Vasco” Beicochea y Juan el comandante. En un mesón grande Felman contaba la cantidad de granadas obtenidas , mientras que en frente   hablaban, cantaban y jugaban , reían , bebían y seguían sus anécdotas, en ese entonces Chifle le sugirió a Juan :

- Vamos a comprar unas facturitas aquí a la vuelta para tomar el mate

Mientras tanto el Vasco observaba a Felman tan concentrado en lo que hacia y Alcanzó a decirle:
- Tené cuidado que esas son muy celosas.

 Juan y Chifle bajaron por el ascensor rumbo a la panadería, en el camino de vuelta, a dos cuadras del departamento vieron como una especie de hongo azul y sintieron un enorme estallido que los aturdió, el edificio había explotado con todos sus amigos dentro, no había quedado ni uno con vida. No valía la pena volver al lugar del hecho ya que podían arriesgarse a ser capturados por la policía, por ello salieron inmediatamente de ahí en el primer taxi que encontraron, luego tomaron el primer tren a Tucumán.
Toda la documentación ya estaba en manos de la policía, por lo que al llegar al Jardín de la República eran bastante perseguidos.

- ¡Alma de mi Tata salvame!

- Eran unas mierdas los militares, a un compañero lo metieron dentro de un tanque con cemento  y lo tiraron al mar. Los policías tampoco se quedaban atrás, algunos nos tenían miedo pero los jefes los mandaban , a algunos presos los orinaban, los mataban y a las mujeres las violaban sin piedad.

Todos eran familia, a pesar de que no siempre concordaban todos los partidos peronistas tenían un mismo objetivo : Derrocar al gobierno represor y la vuelta de Perón al poder. Fue así que en su regreso a Tucumán Juan fue buscado para ser parte de un nuevo partido: La FAP ( Fuerza Armada Peronista), con dicha organización decidieron asaltar el banco de Termas de Río Hondo para recaudar dinero para la guerrilla y repartirlo con las viudas, los obreros despojados de sus trabajos  y muchas familias sin hogar en todo el norte del país.

- Tenia cara de boludo y perfil bajo, por eso nadie sospechaba de mi.
Juan estando prófugo veía y escuchaba a la gente leer los diarios en frente de él y nadie se imaginaba que era uno de ellos.
 Un día de lluvia volvía en tren de Buenos Aires, traía consigo las armas de la prefectura marítima, eran cuatro fusiles desarmados y seis millones de pesos en una caja, ante las mínimas sospechas de un matrimonio, fingió que volvia de casería y en un decuido se lanzó de el arriesgándose a cruzar el tramo bajo la tormenta hasta llegar a un lugar seguro.

***

A pesar de ser una historia fuerte, me entusiasmaba oírla, quería saber más, pero los días oscurecían demasiado  rápido, así que  decidí ir a ver al Comandante ni bien arrancara la siesta. Me sentía parte de la historia, como un espectador más que nadie podía ver ni oir. 
El día jueves llegué temprano, la lluvia de noviembre había arrasado con mi cabello y mi ropa, no hacía más que  tiritar. Don Juan le daba de comer a Paco y cuando me vio me dijo:
- Pasa , pasa cebate un mate caliente así te pasa el frío. Aunque vos no sabes el significado de la palabra frío. Cuando me llevaron preso por última vez a Trelew, en la cárcel de Rawson nos moríamos congelados, nos hacían sufrir las torturas, apagaban las  estufas, las paredes de piedra transpiraban, solo teníamos un colchón desnudo, en la ducha nos ponían el agua hervida o muy fría . En la celda de castigo introducían una manguera que largaba agua congelada hasta la altura de los tobillos, de manera que no podíamos sentarnos, ahí supe lo que era el frío.



Juan cayó preso en Trelew luego del asalto al Banco Comercial del Norte, ubicado en ese entonces en Pasaje 1ero de Mayo y Avenida Juan B. Justo, allí una vez a la semana se hacía la recaudación. Era un viernes a la mañana cuando Juan y sus colegas ingresaron al banco vestidos de obreros, para safar del control militar, una vez adentro cortaron la luz y acorralaron a los policías , lograron escapar con 42.000.000 de pesos. A la salida lo perseguían tres patrulleros de los cuales dos decidieron desistir al ver que uno voló por las aceras tras una granada. Juan se ocultaba junto a cuatro compañeros de la FAP en una casa ubicada en 12 de Octubre y Santa Fe, allí también se encontraba su hijo pequeño de tres años , Carlitos, quien lo acompañó en varios operativos. La casa fue descubierta por los oficiales y dos horas después del robo era invadida por tiroteos y el pedido de que se rindieran. Marta una de las integrantes del grupo guerrillero envolvió a Carlitos con un acolchado y lo sacó por la puerta de atrás, pensó que iba a pasar desapercibida, ya que los ojos de los oficiales estaban centrados en los tres hombres de adentro, pero sin embargo no fue así y terminó arrestada y el niño en la Sala cuna hasta que su madre pudiera hacerse cargo de la situación. De esa vivienda se llevaron 450 monedas de oro y armamentos, pero la plata robada al banco jamás fue hallada. Los tres fueron trasladados a Rawson.




En aquellos lugares donde los detenían los presos padecían todo tipo de torturas, los llevaban de a uno al sanitario, por lo que algunos no aguantaban y se orinaban en los pantalones. Juan estaba cansado de esas injusticias y armó un complot para que tomaran medidas. La idea era hacer sus necesidades en un tarro que todas las celdas tenían y largar el contenido en el pasillo, de esa manera los guardias iban a pisar todos los desechos y se verían obligados a determinar una solución . Y así fue, luego de ese hecho llevaban de a tres presos a los baños y así ahorraban tiempo.


-Vos no sabes todas las cosas que tuve que pasar yo, todo lo que vi en mi vida, todas las aberraciones que aguanté y gracias a Dios jamás me manché las manos con sangre, todo lo que hice fue por una causa justa.

El Comandante había sufrido dos heridas de bala en la pierna, todavía llevaba una bala dentro que nunca se dispuso a operar.
Junto a la guerrilla realizaron miles de operativos uno de los más grandes fue el asalto a la jefatura central de Santiago del Estero. Fue un 24 de diciembre, esa noche llegó un camión de reparto con comida para los policías, todo estaba armado en base a su plan, el vino tenía una sustancia para adormecerlos. Estaban Jaroma, el “Puma” , Emilio y Juan , ingresaron directamente a acorralar a los “ratis” que eran 18, los introdujeron en el calabozo y le robaron todas las joyas y las botas excepto el dinero porque ellos tenían familias que alimentar. Juan se acercó a uno de ellos y le preguntó:  “ ¿Donde esta el Jefe?” y este le respondió que estaba en la habitación de arriba.

- Corrí a abrir el cuarto, había una botella de whisky vacía y lo vi a él en la cama dormido con una mina, estaban como Dios los trajo al mundo, lo levanté de los pelos y le dije “ camina si no querés que te vuele el mate” , lo llevé abajo y lo encerré con los demás. Nos llevamos todas las armas que habían.
Juan tenia los pies muertos, destrozados y necesitaba unas zapatillas por lo que pararon en una casa y pidieron asilo, alli Juan envió a un joven  que  le comprara un pantalón y unos calzados, pero le confió demasiados secretos y a la salida se encontraron con la patrulla. Aquel muchacho era sobrino del oficial y los había denunciado. Juan quiso saltar un alambrado pero no hubo escape y fue llevado a un galpón maloliente, habían varios presos enfermos, se bañaban todos en una sola ducha y ahí hacían sus necesidades, por suerte el Comandante no se contagió de ninguna peste y a los días vinieron a rescatarlo sus compañeros de la Fuerza y pudo huir de ahí.

Hay cosas que me costaba entender del comandante: ¿Como un hombre podía tener tanta pasión por algo que le podía costar la vida en cualquier momento? Había abandonado a su hijo y a su ex mujer por la guerrilla, sin contar que había dejado a su madre sufriendo junto a sus hermanos que ya no tenían un padre que los protegiera. Me quedé pensando en todo lo que tuvo que pasar y cuando estaba a punto de preguntarle ¿Por qué? Continuó con el relato, lo más importante de esta historia.

Cuando estaban en Rawson comenzaron a planificar la fuga, había fecha para el 16 de agosto, primero iba a salir un grupo de 6 presos cada 20 minutos, en total eran tres grupos. Juan estaba en el último grupo y no estaba de acuerdo con que se demoraran tanto. A sus complices no les importó nada, cuando llegó el día escaparon hasta el aeropuerto de Trelew, tomaron el avión y cuando estaba en el aire "apretaron" al piloto para que aterrizara antes, allí el control se dio cuenta que había una fuga y fueron en su búsqueda. Ya habían matado a dos guardias. Fueron capturados 19 personas y 16 de ellos fueron fusilados, el último grupo de presos no pudo escapar nunca. Juan tuvo que cumplir una condena de 6 años allí, jamás pude perdonar a aquellos compañeros traidores que prefirieron escapar sin pensar en los demás.
Cuando el Comandante recuperó su libertad comenzó a trabajar en un pequeño partido político, luego se casé y tuvo a su hijo Gonzalo Diaz quien lo acompaña desde entonces, de Carlitos también se hizo cargo a la distancia y de vez en cuando recibía postales y algunas visitas sorpresas.

Con sus hijos ya maduros de edad pasó por la pérdida de su esposa, hoy por hoy la extraña demasiado, pero su vida sigue en pie.




Los años y las experiencias le fueron pasando facturas a su cuerpo. La diabetes se apoderó de él siendo un adulto mayor y a veces buscaba hacer estragos en él pero jamás lo venció. Ya tenia su cuerpo cansado por tantas aventuras por lo que debía tomar los cuidados necesarios para no recaer, pero su mente seguía siendo joven y vivaz, ni un solo recuerdo se había esfumado de su memoria.

Me quedé conmocionada, no me arrepentía de semejante historia. Sólo quedaba una duda ¿Cuando terminó la lucha?. Como leyendo mis pensamientos el Comandante exclamó:

-¡ La lucha sigue, la revolución que se pierde es la que se abandona!.

Mientras salía de la grande casona del Comandante me parecía escuchar la marcha de la guerrilla, el sonido del viento que chocaba con las ramas me hacia sentir que los arboles coreaban bajo la luz de la luna:


“ El valiente guerrillero

El guerrillero argentino

Bandera que agita al viento

Grito de obreros machos

Canto de mujeres sufridas

Nuestra lucha será larga

Nuestros compañeros caerán

Pero estarás presente hasta la lucha General”.




B

René y una vida a la deriva

Tiene 47 años, su nombre es René Reina, más conocido como el famoso “salvaje” .Un personaje de la ciudad de Simoca, un indigente que vino quien sabe de dónde solo él. Hace varios años que se erradico en esta ciudad, y por mucho tiempo estuvo viviendo en un ranchito que se encuentra a la par de una verdulería al frente del Portal de la feria, y cerca de las vías por donde pasa del tren.

La mirada penosa de un hombre condenado por el alcohol

Hace menos de un mes que lo encontraron en malas condiciones, con gangrena en los pies por pisar pequeños vidrios cortantes de las botellas de alcohol que él mismo consumió. También portaba con  problemas respiratorios y se lo encontró muy deshidratado, por lo que tuvo que ser llevado de urgencia al hospital. Allí lo bañaron higienizaron y le dieron ropa.


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Pasan las 10 de la mañana y salvaje sigue durmiendo en una habitación preparada para él. Esta tapado todo el cuerpo menos la cabeza. Al costado de su cama tiene un diario junto con unas pantuflas, y lo acompaña una mesita con ruedas donde más tarde le sirven la comida.

Tengo listo una la mochila con la carpeta y una lapicera, me abrigo. Está haciendo mucho frió. El cielo está nublado y corre un poco de viendo, como si el tiempo estuviera por descomponer,  mientras tanto camino más de cinco cuadras hasta llegar al hospital. Entro y me atiende un hombre en la guardia. Le pregunto por el famoso “salvaje” y me lleva hacia la habitación donde él esta.

Estaba durmiendo y me senté en una cama del frente a esperar hasta que despierte. Mientras esperaba, observaba su habitación, y vi una bolsa grande de consorcio a la par mía, me puse a ver y había ropa que la gente donó para él. En un tendedero colgaba el pantalón, la remera y una campera. Se escuchaba muchos ruidos por el pasillo en especial  las voces de la gente que pasaba, parecía como si el hospital empezaba a cobrar vida.

Pasaba el tiempo, miraba la hora y seguía observándolo. Tiene los dos pies vendados por una infección. Pasaron 30 minutos hasta que despertó, yo no sabía que decirle, hasta que me miro y pregunto quién era. Le conté y le dije porque estaba, pensé que lo tomaría de mal humor, pero fue todo lo contrario. Él se presentó, fue al baño y luego nos pusimos a conversar, me contó muchas historias que jamás me hubiera imaginado, parecía otra persona a la que sabemos conocer.

-“Mira como me dejó el alcohol, esto te consume y no lo puedo dejar”, me comenta.

 Me da mucha pena escuchar lo que dice y me puse a pensar en muchas cosas mientras él seguía contando historia tras historia, donde nació, y hasta en donde se crió. Un hombre que aparenta de una edad mayor a la que tiene. Y él estuvo ahí conversándome como si nunca hubiera charlado con alguien, dijo que se sentía bien que vayan a visitarlo.


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Hombre solitario, con un busito delgado que no se le distingue el color por la suciedad. Pantalón agujereado y zapatos entreabiertos en la punta. Sentado en la fría noche. Como todas las noches. En un cordón de cemento a la orilla de las vías del tren. Sostiene en su mano derecha una caja de vino. La gente que pasa en auto, moto, bicicleta o caminando voltea la cabeza para mirarlo y otros directamente siguen su rumbo. Él Aprovecha gritándoles de manera graciosa o vulgarmente para que les den plata para comprar su bebida favorita o que le convides un cigarrito.

-“Eh salvajeee no tenes diez peso para comprar vinoo, esteee salvajee chee”, les grita.

De ahí viene ese apodo tan popular en este personaje. Con su fuerte estado de ebriedad se queda ahí hasta la madrugada y se va a dormir en su "casita" con techos de paja sin las cuatros paredes y al aire libre. Tiene un colchón pelado con una colcha donada por los vecinos de la zona. Se tapa hasta la cabeza.


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Como un fanático más "salvaje" posa con la camiseta del Club Atlético Alto Verde
A mediados de julio, en la noche helada del domingo, entre la Av. Bartolomé Mitre y Arturo Ilia, un grupo de amigos estaban reunidos en la vereda de un kiosco. Terminaban de comer un asado. Las sillas, las dos mesas y el asador, formaban una ronda. A poco metros de esa juntada, por el oeste se viene acercando una persona de apariencia desagradable,  mal oliente, orinado y hablando sin mucha claridad. Como era de esperarse con una botella de vodka hasta la mitad. Era él, René como pocos lo conocen y “salvaje” como muchos lo llaman. Lo miraban de forma sobradora como diciendo” ahí viene este rompe bolas”, pero él se sienta en un pasto húmedo a la par del cartelito del negocio. No se entiende cuando habla. De repente se levanta y empieza a gritar tan alocadamente que rebolea ese Nikov hacia la calle partiéndola en varios pedazos y causando ese clásico ruido chillón de vidrio rompiéndose. Enojados los muchachos le gritan que se vaya, pero se queda durmiendo en posición fetal en ese mismo lugar. Fue una de las situaciones dramáticas que me tocó verlo.



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Nació en la ciudad de Jujuy y por razones laborales sus padres tuvieron que emigrar hacia la ciudad de Tartagal, Provincia de Salta, donde la mayor parte de su niñez vivió allí. Hijo de Pedro Reina y Dora López, tuvo una infancia muy particular. Con poca edad comenzó a trabajar en una imprenta junto a su padre y también es donde empieza a conocer esa bebida fuerte que lo tiene a mal traer.

-“De chico ya le sabía robar a mi papá unos wiskys muy raros”, asegura.
                
Al haberse criado en la deriva (como él lo describe), tuvo así también ese espíritu aventurero que le dio la oportunidad de conocer muchos lugares como la costa uruguaya, la triple frontera y varias provincias de nuestro país. Su medio de transporte era solo su bicicleta. Asegura que ningún ciclista en Argentina pudo haber pedaleado como lo hizo él. Dejó su transporte de dos ruedas y se vino a Simoca en un tren de carga proveniente de la ciudad de San Miguel de Tucumán.


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La vida de “salvaje” en el hospital es muy particular, cuando se encuentra bien sale de su habitación y entra cuando quiere, como dueño de casa. Para matar el aburrimiento camina por los pasillos a ver un poco de gente conversar y fumar un cigarrito.





Un día viernes después de visitarlo, se escapo a tomar unos tintos en un mini súper llamado Amar Bahía que es el nombre de dueño, un hombre proveniente de la India que graciosa mente se lo compara con el famoso personaje de Los Simpsons.

-“Me fui al negocio del hindú y me compre dos cajas de vino por treinta y dos pesos, y ahí me quede dos noches”, me cuenta. –“Pero luego la lluvia te trajo corriendo al hospital jajaja”, le retruca una joven que esta de ayudante en la cocina.

René fue el blanco de muchas burlas, especialmente de los más jóvenes pero a él no le importaba, todo le daba lo mismo.
                       


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Días después cuando fui a verlo él ya no estaba, guardia me dijo que se fue y no volvió más, llevándose su bolsa de conteiner con ropa.

La bolsa está cargada con ropa que le donaron los vecinos 
De un día para el otro ya no se lo vio más, fue como si se lo hubiera tragado la tierra. Unos dicen que se volvió a Salta, otros que a las Termas de Rio Hondo, o que murió. Pero todos especulan de los que se dice por ahí. Pero si hay algo que quedará inmortalizado es ese personaje querido por algunos y odiado por otros.


Sueño Cumplido


Mario tiene 25 años y estaba a unos minutos de cumplir su sueño conocer a los cantantes de La Banda de Lechuga, Santiago Torres y Damián Pérez. Un grupo de cumbia que surgió el 27 de enero de 2007. Después de 9 años de ser su fan, de hablar con ellos por cel. De mandarle whatsapp, por fin era hora de verlos en persona.
El momento había llegado no le importó viajar 310 km desde Tucumán hasta Salta. Aproximadamente 4 horas de viaje para ver a sus ídolos como él dice.
Llegamos al Hostel “El dorado”, un lugar sencillo con paredes de color beige y retratos religiosos colgando. Nos sentamos en unos cómodos sillones a la espera de los cantantes que en un par de horas comenzarán con sus shows. Cuando de repente pasó “Lechuga” (Santiago Torres) y saludo normalmente, mi amigo no pudo verlo por una distracción y al contarle sobre lo sucedido no lo podía creer.
  • ¡En serio pasó!
  • Si, como hiciste para no verlo
Minutos después regresó : “Marito sos vos”. Al oír esto se emocionó, corrió, gritó y abrazó a su ídolo que le repetía: “Por fin nos conocemos”. Fue su momento soñado no quería soltar a Lechuga. LLoraba como un niño desconsoladamente. Hasta que Santiago le dijo nos saquemos una foto para recordar este encuentro. Después de la foto vino lo mejor, Mario le pidió una canción especial llamada “Tu”. Lechuga con buena onda sacó su charanguito y comenzó a tocar. A su lado Marito con lágrimas en los ojos cantaba apenas porque la emoción de estar cumpliendo un sueño que había surgido hace 9 años. Ese lugar fue testigo de un sueño cumplido.

Mario cumplió su sueño el sábado 30 de julio de 2016.

La ansiedad se apoderaba de él. Los nervios de que la hora esperada por muchos años se hiciera realidad en ese día. Era una calurosa tarde de inverno esa que te permite andar con ropa liviana y un solo abrigo. Los boletos perfumes y snacks listos para el viaje. El destino la provincia de Salta. Al llegar a la terminal aún faltaban 30 mn para la llegada del colectivo. En ese momento le pregunté a Mario:

  • ¿Cómo haremos para llegar al bolche?.
  • Quedate tranquilo ya tengo todo planeado. me respondió sonriendo.
Llegó el ómnibus con una una sonrisa esa que te da tranquilidad de que todo va a salir bien. Su nombre Andesmar. Subimos y nos acomodamos rápidamente al no llevar bolsos. Los dos sentados al lado Maro al lado de la ventanilla. Cuando el colectivo se puso en marcha me dio curiosidad su fanatismo por La banda de Lechuga un grupo de la movida tropical que surgió el 27 de enero del año 2007.

  • ¿Lechuga sabe que lo vamos a ver en ese boliche?
  • Yo le dije que esta noche estaremos ahí. pero no me creyó.
  • ¿y porque decidiste venir a Salta?
  • hablando con Santago una noche me dijo: “che marito ¿porqe no te venis a Salta a vernos?”. Entonce le respondí que si conseguía un amigo que me acompañara iria. además por un problema que tuvieron en Tucumán no pueden volver.
  • ¿Que problema que pasó?
  • Se pelearon con el encargado que arma las giras en el norte por cuestiones económicas y como consecuencia no pueden estar en nuestra provincia.

Marito confesó tener más admiración por Damian Perez.

Mario tuvo una infancia complicada vivía con sus padres cerca de Hiper Libertad que está en la avenida Roca. Hijo de Maria Patrica Rodriguez y Mario Alberto Navarro. El anteriormente vivía con su abuela Maria Selva Ailan. La cual lo consentía mucho. A raíz de que su padre consiguió una buena oferta laboral. Se ve en la obligación de mudarse con su padre y madre. Al poco tiempo sufre la pérdida de su papá por un accidente de tránsito. “mi relacion con mi padre era normal”. “El trabajaba mucho y no tenía demasiado tiempo para mi”.

En consecuencia debe mudarse con su abuela. La cual apreciaba muchísimo. Era de esas típicas abuelas que de niño te consiente mucho cumpliendo con todos tus caprichos. te cocina tu comida favorita te mima y estará a tus disposición para lo que necesites . Para mario la felicidad estaba ahí en una casa humilde de paredes viejas color grises y rejas oxidadas. ubicada cerca de la plaza de los cañones. En Banda del Río Salí. El dolor por la pérdida de su padre parecía haber sanado. En el año 2007 precisamente en la etapa que Marcó cursaba el secundario en el ipt .Un año donde se produjo un avance en la tecnología con los primeros celulares mp3. La vuelta de Soda Stereo. Argentina elegía a Cristina Fernández de Kirchner como sucesora de Néstor Kirchner. Mientras tanto marto  en el 9 de febrero como regalo de cumpleaños había recibido de parte de su abuela un celular Sony Ericson W200. Muy agradecido por el gesto se funde en un abrazo con su madre del corazón.Ella fue la mejor abuela del mundo, fue mi mamá”, concluyó Mario.

Con su nuevo celular buscaba música para escuchar le pide a su amigo Santiago hijo del actual intendente de Banda del Río Salí Darío Monteros, que le haga el favor de mandarle canciones, el sede y le pasa los archivos. Al caer la noche aburrido en su habitación, acostado en su cama mira el techo preguntándose qué hacer. Procede a escuchar las canciones y se enamora de sus letras que hablan del amor de una madre soltera, de su florcita. Los autores de las canciones un grupo llamado Agrupación Marilyn. Ahi nacio el amor por su música. Un amor que seguirá latente por ya casi 10 años. Las letras de Marilyn fueron compuestas por Santiago Torres cantante de La Banda de Lechuga que debutó el 27 de enero de 2007. Mientras que Marilyn lo hizo en diciembre de 2006.

Lo cierto es que desde ese momento Marito anhelaba conocer a sus idolos que parecían lejanos pero con el tiempo pudo convertirse en una persona especial para ellos más que un amigo ellos lo consideran un hermano.





jueves, 1 de diciembre de 2016

El talento fuera del sistema

El fútbol. Un arte, una pasión y, para otros, un amor imposible. Cada vez se pierden más talentos por ciertas injusticias. Nada es lo que aparenta, sino lo que realmente es.



Y así es su historia. Nacido en la zona de la Maternidad de la capital tucumana, él se enamoró, como muchos, del deporte más lindo, el fútbol, que se mantuvo presente siempre en su vida pero, de distintas maneras y a pesar de todo.
Doce años concurrió al mismo colegio. A ese al que hoy recuerda con tanto cariño, al que asegura que fue su segunda casa. Ahí donde los curas cumplen la función de padres de todos los chicos. Los educan y alegran cada día. Es donde le rinden culto a María Auxiliadora.
 Con esas ideas sueltas, entendí de qué se trataba. Él se refería a la gran estructura salesiana, obra de Don Bosco, ubicada en la manzana de avenida Mitre y San Juan. Éste es el Tulio García Fernández, el mejor del mundo sin duda alguna para él.

-       Ahí al frente está el Ateneo Salesiano. ¿Sabés cómo jugamos ahí no? Venían de todos los colegios o barrios y armábamos campeonatos de hacha y tiza.

Su emoción fue clara y evidente. En sus claros pero marrones ojos noté que, al recordar incontables partidos disfrutados allí, su amor por el juego de pelota continúa vivo. Ese amor incomparable, único y hermoso como el que sienten los recién casados, lo siente y lo sintió siempre éste hombre.

Todos los días cuando finalizaba el horario de clases cruzaba al Ateneo para jugar. A veces, cuando se lesionaba, faltaba, expulsaba o se necesitaba a alguno, los más grandes lo ponían en su equipo y él se sentía muy orgulloso. Pero como pasaba horas y horas tras la pelota, a la cual la trataba con tanto amor como a una dama, cuando regresaba a casa y, como era común en esa época, debía estar atento. Atento a qué me preguntarán. Atento a sus padres, estrictos en todo sentido, quienes se enfurecían cuando pasaba demasiado tiempo fuera de casa.

Al ser un deporte tan popular sin que exista la necesidad de contar con un capital económico específico para poder practicarlo, los chicos de todas las edades de su barrio se juntaban en el Parque Avellaneda y en el amplio predio de la Maternidad que, en ese entonces, se encontraba rodeado de grandes y viejos Eucaliptus típicos del lugar que, pasados los años, fueron talados para la construcción de una plaza. Además, estaba abierto y era usado día tras días para la realización de deportes .
Allí , los fin de semana desde la siesta calurosa en las tardes del intenso verano tucumano, se armaban equipos con los mejores jugadores de la zona y se enfrentaban al seleccionado de otros barrios. Los más chicos miraban atentamente, alentaban sin cesar con cánticos de su autoría, acompañados de bombos que lograban despertar a todo aquel que pretendía dormir en las casas aledañas y, los grandes, jugaban. Era ley. Así como la del gordo al arco.

Y así comenzaban a formarse los futbolistas antes. Jugando en plazas. De hecho, recuerda, que de las canchas de 12 de Octubre y San Juan, surgió Antonio Apud, que después de un tiempo llegó a jugar en Atlético y Boca. Era un jugadorazo, me recalcaba Mario a cada rato, haciendo que entendiera todas y cada una de las cualidades de aquel con el que compartió en su infancia partidos, de hacha y tiza, como él suele llamarles. En segundo lugar se acordó de Fabián García, también jugador del “Decano” al igual que Mónaco, el tercero que me nombró. Además , en su cabeza todavía mantiene vivos recuerdos de Hugo Corbalán y Coco Reinoso, de quienes se acordó en cuarto y quinto lugar.

Noté que su deseo comenzó desde niño. Aquel deseo de poder vivir de lo que a uno le gusta lo llevó a pasar por algunos clubes de Tucumán en busca de aquello que tanto anhelaba.
En el camino se le presentaron distintas circunstancias y algunas oportunidades de acuerdo a sus relatos. Éstas últimas no se aprovecharon y, las circunstancias, no fueron del todo buenas.
Pero creo que son las que le pasan a toda persona que persigue su sueño y debe aprender a sortear los obstáculos que la vida le presenta.

-       - No me arrepiento de nada. Me divertí y viví para el fútbol mientras duró y no te niego que me encantó. Me llevé muchas amistades, fue grandioso compartir equipo con mi hermano y conocer gente que me marcó, como un amigo de toda la vida como Eduardo Villagrán, y otros, pero estoy bien como estoy.

Me confesó esto con una voz bastante sincera pero con un claro sabor amargo equivalente a cuando errás un gol a tres metros del arco y sin arquero. Sin embargo, decidí creerle.

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Notamos que una persona es fiel a sus palabras cuando las cumple. Y él siempre me habla del compromiso. Este compromiso al que se refiere es al que se obligaba a cumplir y rendir en el juego vistiendo la camiseta de una colonia de San Pablo. Eran otros tiempos, aquellos torneos en los que se jugaba por “guita” , donde iba todo el pueblo a ver el partido. Y había que cumplir, era su obligación. 
Era un momento en el que los valores y la palabra prevalecían sobre cualquier cosa. Cada colonia jugaba una vez de local y otra de visitante. Eran partidos ida y vuelta sí o sí. Nadie fallaba. Si algún equipo prometía disputar partidos así y, únicamente, se presentaba cuando le tocaba jugar en condición de local era “borrado del mapa”.

En una ocasión se enfrentó a Villa Rosario, también una colonia de San Pablo.  Ése combinado tenía muchos jugadores que eran de primera de la Liga y su técnico era el conocido y popular "Lito" Espeche, quien también conducía a San Pablo. Cuando lo vio jugar lo invitó a que el martes siguiente a las 16.30 se presentara a los entrenamientos de su equipo. En ese entonces, GRAN equipo. 

Y llegó el día. Como siempre tarde. El calor de la siesta ya estaba presente. El entrenamiento había comenzado. Y él, en las tribunas observando. "Pila" Espeche, padre de Lito, se le acercó y le dio indumentaria para que se uniera al plantel y entrenara. Pero además, le aconsejó que juegue tranquilo sin nervios porque su hijo ya conocía a la perfección como él jugaba. Mario lo escuchó atentamente, tomando las sabias palabras del viejo porque él jugó en Huracán, según me dice y enfatiza, remarca, recalca y repite dos veces en mi cara que en esa época, en la que "Pila" jugaba, ir al "Globo" era como ir al Manchester ahora.

Todo resultó como esperaba. Gesticulando y pummm con un fuerte aplauso con las manos, me asegura que cuando ingresó, jugó como los dioses y metió dos golazos. Al parecer, no se habían equivocado al convocarlo. Pero él , me confiesa que parte de su buen juego en el entrenamiento se la debía al padre del DT, porque cuando uno está solo y no sabe qué hacer, esos gestos se valoran. 

Tres partidos duró en la tercera categoría del club. Mientras maneja su gran auto rojo y analiza su vida, no tarda en acordarse de su primer partido en primera. Fue un sábado. Mientras viajaban en colectivo a Aguilares, el utilero le entregó la número 5 y él no podía creerlo, admite preguntándose nuevamente pero luego de casi 35 años , cómo fue que lo subieron tan rápido de una categoría a otra. El semáforo en rojo. Jóvenes con el lema “Techo para una familia” se le acercan a su ventanilla y él les da un billete para ayudarlos en su misión. Cuando se retiran, su sinceridad regresa.

-En San Pablo los jugadores fuimos muy muy amigos. Es un club donde me sentí cómodo y feliz de jugar.

Imaginando a dicho club como su hogar y valorando esas amistades antiguas pero que hoy en día continúan, se ve bastante molesto a que, en la actualidad, en la mayoría de los clubes, los futbolistas son solo “compañeros de trabajo” y no amigos literalmente hablando.
Me doy cuenta de repente, gracias a su manera de expresarse que no sólo tiene amor por el fútbol, sino que esta pasión de multitudes llegó a inculcarle un gran sentimiento por un club, podríamos decir “su primer amor”, tal como aquel sentimiento que tienen los conocidos hermanos Milito. Diego por la Academia y "Gabi" por el Rojo, ya que son aquellos clubes que, al inicio de su carrera, le permitieron desplegar su pasión y talento con el plus de la amistad.

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Esta es la historia de Mario Rubén Nuñez, un hombre que siempre quiso ser jugador de fútbol pero la vida o aquella mano negra, bastante conocida como la injusticia, lo llevó por otro camino totalmente diferente.

Diría que una historia parecida tuvo un compañero suyo, pero estaría comparando cosas totalmente opuestas. Hoy, la vida de quién estamos hablando es buena. El se convirtió en dirigente de la Asociación Bancaria y es empleado de la Caja Popular de Ahorros de la Provincia. Tiene tiempo para disfrutar de sus tres hijas y hasta de su nieto. Mientras que la de su ex compañero de equipo consiste en vender chocolates y ciertas golosinas en varias esquinas reconocidas de la ciudad para poder mantener a su familia y a su novia, quien es revendedora de ropa interior.
 Ambos, cuando estuvieron integrando aquel equipo de San Pablo, fueron elegidos por el cuerpo técnico para concurrir a las prácticas de un seleccionado juvenil de la provincia. Pero el primer día de su concurrencia, como siempre,no los hicieron participar ya que tenían prioridad los clubes de San Miguel de Tucumán o considerados “grandes”. El siguiente fue distinto. Marchese, coordinador del grupo los vio y pretendió que ingresaran. Los dos se marcharon del lugar, sin practicar ni una sola vez, pero se dieron el gusto de mandar a un lugar muy feo a aquellas personas que estaban a cargo de seleccionar jugadores “de los clubes grandes”.

-       -      A veces la vida es dura. Uno se focaliza tanto en algo pero siempre hay que estar atento y preparado para las adversidades. Yo tengo todo lo que quiero y no me arrepiento de no ser lo que alguna vez quise.

Recordó todo esto, lo de su compañero y lo de su vida, porque no todo es color de rosas para un futbolista. Y él también lo padeció. Intentando atar cabos sueltos de sus vivencias comprendí que aquella vez que no fue ni siquiera observado para integrar el seleccionado tucumano era la primera vela que le apagaban de las que mantenían encendida su ilusión.

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El mayor disgusto que lo alejó de sus sueños tiene nombre y apellido. Ya consolidado, conocido y en una de sus mejores etapas, comenzó a entrenarse en Atlético Tucumán. En el club de 25 de Mayo y Chile tuvo varias prácticas con jugadores que luego fueron muy reconocidos. Pero su caso no fue el mismo.

En una oportunidad, en aquellas pesadas tardes tucumanas, con el sol ardiente de la siesta, le tocó tomar una de las mayores decisiones de su vida. Es que, el entrenador era una figura ya muy polémica. Este último, quiso adueñarse del pase de Mario, solo así lo dejaría jugar.

Con una cara de enojo, haciendo expresiones siempre con las manos, me contó que lo que le pedía aquel DT estaba mal. Por qué él tenía que ser el dueño de su pase, si su papá (también llamado Mario) había juntado peso por peso para comprar el pase de su hijo y así brindarle la posibilidad de probar suerte en otro club y abandonar el de sus inicios.

El técnico dejó en claro que en el “Decano” se hacía solo lo que él decía, y al que no le gustara podía retirarse. La respuesta fue inmediata, aquel jugador que había llegado con grandes expectativas y chances de llegar a lo que quería se retiró.

-       - Salí como estaba. Por supuesto llorando a tomar el colectivo. Sabía que Atlético es un club grande y que yo estaba en mi mejor momento, por eso me dolió. Pero quedarme hubiera sido ser cómplice de algo con lo que no estaba de acuerdo.

Si bien en la vida muchas personas dicen que para llegar a algo hay que ser constantes y perseverar, no debemos dejar que otros hagan con nuestra vida lo que quieran. Si para lograr ser jugador de fútbol él debía agachar la mirada y dejarse dominar, estaban equivocados.

En su paso por Sportivo sufrió las palabras de un miembro del cuerpo técnico quien le dijo que debía abandonar el fútbol y dedicarse al básquet debido a su altura y a una situación, en cuanto a nivel de juego, no tan buena que estaba atravesando. 

Mientras me contaba lo sucedido, comencé a notar una tristeza en sus ojos, una espina que aún no había podido sacarse y de la que se acordará cada día. Sin embargo, pese a aquel nudo que tenía en la garganta, levantó la mirada, respiró hondo, suspiró y me hizo saber que no todo fue malo. 

En una época, en una de sus mejores futbolísticamente hablando, y como la plata no le alcanzaba, ingresó a trabajar en el Banco Provincia donde cada día recibía la visita de un encargado de encontrar talentos para llevarlos a jugar en San Lorenzo de Almagro. Su misión era llevar a este hombre morocho y grandote a una prueba de jugadores para aquel club. Sin embargo, no tuvo suerte. Mario ya estaba abocado a otra cosa, su vida ya no era el fútbol, sino formar una familia.

Si bien esas oportunidades fueron fallidas, no quiere que escriba que todo estuvo mal, hay cosas que sí le salieron y de las cuales continúa orgulloso de aquello que vivió. Llegó a convertirle dos goles a San Martín (en La Ciudadela), club del cual siempre fue fanático, mientras jugaba de San José. Mucha gente conocida del ambiente del fútbol reconocía sus capacidades, como ser el "Negro" Guerrero, quien recientemente le hizo saber que él estaba para más en este deporte.  Fue miembro del plantel de Sportivo Guzmán que descendió a la "B" de la Liga frente a Atlético pero pronto ascendió nuevamente. Ya en grande, se consagró con el seleccionado nacional de La Bancaria campeón sudamericano luego de empatar con Paraguay, si bien perdían 2 a 0, le tocó ingresar y dar dos asistencias a sus compañeros que luego cambiaron por goles para coronarse.

 Comenzó desde pequeño , cuando sus padres le regalaron una de cuero. Iba con ella a todas partes. Caminaba y corría acompañado por ella, la protegía de aquellos que también la querían.

Aprendió a tratarla tan bien que se volvieron uno. La pelota fue su compañera. En el colegio su función era atraparla, no dejarla caer al fondo de la red del arco que era encargado de proteger. Inició como arquero, pero pronto debió adaptarse a la que sería siempre su posición habitual.

Sus primeros pasos como jugador fueron en un club situado frente al parque 9 de Julio, en Argentinos del Norte. Empezó jugando en la sexta división conforme a la edad que tenía en ese entonces. Aquí ya jugaba de número cinco. Sin embargo, si en las categorías mayores faltaba alguno, siempre ponían su nombre para completar el equipo.
No duró mucho tiempo en este club pero no perdió oportunidad que se le presentó.

 Esta es la historia de un hombre que aprendió demasiado. Desde niño anhelaba ser futbolista profesional pero llegó a ser más que eso.  Hoy es una persona con valores, fiel a sus convicciones que, pese a que se le presentaron distintas cuestiones sobre su futuro, supo elegir bien, lo que siempre creyó y no se dejó "atrapar" por el sistema. Con todo esto me dejó en claro que las cosas se hacen siempre de frente y sin mala fe, de lo contrario no deben hacerse.