viernes, 2 de diciembre de 2016

René y una vida a la deriva

Tiene 47 años, su nombre es René Reina, más conocido como el famoso “salvaje” .Un personaje de la ciudad de Simoca, un indigente que vino quien sabe de dónde solo él. Hace varios años que se erradico en esta ciudad, y por mucho tiempo estuvo viviendo en un ranchito que se encuentra a la par de una verdulería al frente del Portal de la feria, y cerca de las vías por donde pasa del tren.

La mirada penosa de un hombre condenado por el alcohol

Hace menos de un mes que lo encontraron en malas condiciones, con gangrena en los pies por pisar pequeños vidrios cortantes de las botellas de alcohol que él mismo consumió. También portaba con  problemas respiratorios y se lo encontró muy deshidratado, por lo que tuvo que ser llevado de urgencia al hospital. Allí lo bañaron higienizaron y le dieron ropa.


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Pasan las 10 de la mañana y salvaje sigue durmiendo en una habitación preparada para él. Esta tapado todo el cuerpo menos la cabeza. Al costado de su cama tiene un diario junto con unas pantuflas, y lo acompaña una mesita con ruedas donde más tarde le sirven la comida.

Tengo listo una la mochila con la carpeta y una lapicera, me abrigo. Está haciendo mucho frió. El cielo está nublado y corre un poco de viendo, como si el tiempo estuviera por descomponer,  mientras tanto camino más de cinco cuadras hasta llegar al hospital. Entro y me atiende un hombre en la guardia. Le pregunto por el famoso “salvaje” y me lleva hacia la habitación donde él esta.

Estaba durmiendo y me senté en una cama del frente a esperar hasta que despierte. Mientras esperaba, observaba su habitación, y vi una bolsa grande de consorcio a la par mía, me puse a ver y había ropa que la gente donó para él. En un tendedero colgaba el pantalón, la remera y una campera. Se escuchaba muchos ruidos por el pasillo en especial  las voces de la gente que pasaba, parecía como si el hospital empezaba a cobrar vida.

Pasaba el tiempo, miraba la hora y seguía observándolo. Tiene los dos pies vendados por una infección. Pasaron 30 minutos hasta que despertó, yo no sabía que decirle, hasta que me miro y pregunto quién era. Le conté y le dije porque estaba, pensé que lo tomaría de mal humor, pero fue todo lo contrario. Él se presentó, fue al baño y luego nos pusimos a conversar, me contó muchas historias que jamás me hubiera imaginado, parecía otra persona a la que sabemos conocer.

-“Mira como me dejó el alcohol, esto te consume y no lo puedo dejar”, me comenta.

 Me da mucha pena escuchar lo que dice y me puse a pensar en muchas cosas mientras él seguía contando historia tras historia, donde nació, y hasta en donde se crió. Un hombre que aparenta de una edad mayor a la que tiene. Y él estuvo ahí conversándome como si nunca hubiera charlado con alguien, dijo que se sentía bien que vayan a visitarlo.


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Hombre solitario, con un busito delgado que no se le distingue el color por la suciedad. Pantalón agujereado y zapatos entreabiertos en la punta. Sentado en la fría noche. Como todas las noches. En un cordón de cemento a la orilla de las vías del tren. Sostiene en su mano derecha una caja de vino. La gente que pasa en auto, moto, bicicleta o caminando voltea la cabeza para mirarlo y otros directamente siguen su rumbo. Él Aprovecha gritándoles de manera graciosa o vulgarmente para que les den plata para comprar su bebida favorita o que le convides un cigarrito.

-“Eh salvajeee no tenes diez peso para comprar vinoo, esteee salvajee chee”, les grita.

De ahí viene ese apodo tan popular en este personaje. Con su fuerte estado de ebriedad se queda ahí hasta la madrugada y se va a dormir en su "casita" con techos de paja sin las cuatros paredes y al aire libre. Tiene un colchón pelado con una colcha donada por los vecinos de la zona. Se tapa hasta la cabeza.


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Como un fanático más "salvaje" posa con la camiseta del Club Atlético Alto Verde
A mediados de julio, en la noche helada del domingo, entre la Av. Bartolomé Mitre y Arturo Ilia, un grupo de amigos estaban reunidos en la vereda de un kiosco. Terminaban de comer un asado. Las sillas, las dos mesas y el asador, formaban una ronda. A poco metros de esa juntada, por el oeste se viene acercando una persona de apariencia desagradable,  mal oliente, orinado y hablando sin mucha claridad. Como era de esperarse con una botella de vodka hasta la mitad. Era él, René como pocos lo conocen y “salvaje” como muchos lo llaman. Lo miraban de forma sobradora como diciendo” ahí viene este rompe bolas”, pero él se sienta en un pasto húmedo a la par del cartelito del negocio. No se entiende cuando habla. De repente se levanta y empieza a gritar tan alocadamente que rebolea ese Nikov hacia la calle partiéndola en varios pedazos y causando ese clásico ruido chillón de vidrio rompiéndose. Enojados los muchachos le gritan que se vaya, pero se queda durmiendo en posición fetal en ese mismo lugar. Fue una de las situaciones dramáticas que me tocó verlo.



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Nació en la ciudad de Jujuy y por razones laborales sus padres tuvieron que emigrar hacia la ciudad de Tartagal, Provincia de Salta, donde la mayor parte de su niñez vivió allí. Hijo de Pedro Reina y Dora López, tuvo una infancia muy particular. Con poca edad comenzó a trabajar en una imprenta junto a su padre y también es donde empieza a conocer esa bebida fuerte que lo tiene a mal traer.

-“De chico ya le sabía robar a mi papá unos wiskys muy raros”, asegura.
                
Al haberse criado en la deriva (como él lo describe), tuvo así también ese espíritu aventurero que le dio la oportunidad de conocer muchos lugares como la costa uruguaya, la triple frontera y varias provincias de nuestro país. Su medio de transporte era solo su bicicleta. Asegura que ningún ciclista en Argentina pudo haber pedaleado como lo hizo él. Dejó su transporte de dos ruedas y se vino a Simoca en un tren de carga proveniente de la ciudad de San Miguel de Tucumán.


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La vida de “salvaje” en el hospital es muy particular, cuando se encuentra bien sale de su habitación y entra cuando quiere, como dueño de casa. Para matar el aburrimiento camina por los pasillos a ver un poco de gente conversar y fumar un cigarrito.





Un día viernes después de visitarlo, se escapo a tomar unos tintos en un mini súper llamado Amar Bahía que es el nombre de dueño, un hombre proveniente de la India que graciosa mente se lo compara con el famoso personaje de Los Simpsons.

-“Me fui al negocio del hindú y me compre dos cajas de vino por treinta y dos pesos, y ahí me quede dos noches”, me cuenta. –“Pero luego la lluvia te trajo corriendo al hospital jajaja”, le retruca una joven que esta de ayudante en la cocina.

René fue el blanco de muchas burlas, especialmente de los más jóvenes pero a él no le importaba, todo le daba lo mismo.
                       


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Días después cuando fui a verlo él ya no estaba, guardia me dijo que se fue y no volvió más, llevándose su bolsa de conteiner con ropa.

La bolsa está cargada con ropa que le donaron los vecinos 
De un día para el otro ya no se lo vio más, fue como si se lo hubiera tragado la tierra. Unos dicen que se volvió a Salta, otros que a las Termas de Rio Hondo, o que murió. Pero todos especulan de los que se dice por ahí. Pero si hay algo que quedará inmortalizado es ese personaje querido por algunos y odiado por otros.


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