jueves, 1 de diciembre de 2016

Para salir adelante y tener segundas oportunidades siempre hay que luchar

Se separó de sus hijas poco después que nacieron, formo una nueva familia y siempre trabajo para salir adelante hasta que la vida le dio una nueva oportunidad de reencontrarse con aquellas hijas. A continuación conoce la historia de Ernesto Sergio Aguilar.



Ernesto en su lugar habitual de trabajo, como todas las noches.

Como todas las noches en el pueblo de Villa de Leales, ahí estaba Ernesto, sentado dentro de un aula, con la pava, el mate, una linterna, un diario que estaba leyendo y su cabellera que cada vez se ve más blanca, en su lugar de trabajo como desde hace más de 30 años, cuando por fin encontró algo en lo que pudo mantenerse fijo. Noches de larga soledad le ha tocado pasar ya que su función aquí es estar despierto mientras todos duermen, custodiando aquel lugar del pueblo donde los jóvenes aprenden y forjan su futuro durante el día.

Después de tantos años el aprendió a convivir con la oscuridad nocturna y la claridad que la misma brinda en ocasiones y ese silencio que parece escucharse. Quizás sea un trabajo duro y sobre todo cuando tenes poco más de 70 años encima, pero sin él, “jurja”, como lo conocen en el pueblo no hubiese podido terminar de criar a sus 10 hijos, a quienes les brindo todo lo que pudo y lo no que no pudo también, ya que se esforzó siempre para que estos puedan salir adelante y así fue que la mayoría logro finalizar sus estudios secundarios para luego poder trabajar mientras que otros siguieron estudiando para llegar más lejos.

Hoy al mirar hacia atrás se lo ve orgulloso de lo que logró, pues al principio nada fue lo que parece ser ahora, ya que había llegado de la ciudad de Concepción a la temprana edad de 20 años, por problemas personales y necesidad de trabajo, dejando una mujer con dos hijas. Hijas a las cuales no volvió a ver sino hasta después de muchísimos años.

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jurja recordó su pasado en el boxeo.
 -Yo era boxeador- me comentó con una gran sonrisa.

Recuerda muchos detalles como si hubiese sido ayer cuando se subía al ring para hacer lo que le apasionaba, acompañado siempre por sus hermanos y amigos del barrio, quienes no dudaban en apostar unas monedas a su favor cuando combatía, ya que él cuenta que apenas perdió una pelea y que era una gran noqueador como esos que tienen puños de aceros capaz de derribar paredes, o al menos es lo que pasó por mi cabeza mientras él me contaba y me mostraba con ademanes como noqueaba una y otra vez a sus rivales, dejándolos en la lona. Era el campeón del barrio, ganó varios torneos.

-un día me pegaron un piñón que me mando a la lona y esa fue la única vez que sentí lo que era una derrota- comentaba mientras sostenía un par de guantes de boxeo que yo le había llevado para que se sintiera más a gusto.

Describió tal golpe como si un cohete le hubiese reventado en la mandíbula y luego ya se encontraba en al piso totalmente descolocado y todo su alrededor literalmente le daba vueltas, por supuesto intento seguir por el aliento que recibía de quienes los acompañaban, incluso su padre desde una esquina le decía que se pare, pero aquel golpe fue demasiado y simplemente no pudo, pero se tomo revancha con aquel mismo contrincante ya que en los dos enfrentamientos posteriores que tuvieron entre si el “jurja” le ganó y demostró por qué era el mejor del lugar.

  -Todavía siento ese golpe en mi cara- decía mientras se tocaba la mandíbula- yo solo atine a sonreír - es lo único que me quedó de esos tiempos, cuando vine aquí no volví a pelear más.

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Mientras caminábamos juntos por la plaza del pueblo rumbo a su lugar de trabajo, me di cuenta que es una de esas personas transparentes que son iguales tanto dentro como fuera de su casa, todos lo saludaban, algunos de sus amigos que cruzamos en el camino se paraban a conversar con él, en todo momento prevalecía ese sello alegre que lo representa haciendo chistes o contando cuentos graciosos para que los demás se rían.

-Mirá ese es mi amigo “polo”-dijo, mientras señalaba a un hombre que estaba parado en la esquina de la plaza, como esperando el colectivo para viajar- con el siempre nos tomamos unos vinos.
la soledad con la que convive cada noche Ernesto.

Cuando llegamos al colegio abrió la puerta, esa puerta por que entre tantas veces y me dijo que pasara sin vergüenza, pues él sabía que yo lo conocía bastante bien porque ahí había hecho mis estudios secundarios, sin mencionar que mi padre enseña en aquella institución, por lo que volver a ese lugar después de algunos años me trajo nostalgia, recuerdos que había olvidado volvieron a mi mente al mirar las aulas por las cuales había pasado años atrás, el enorme tinglado que cubre el patio principal, la cancha de básquet donde el profe de educación física nos hacía entrenar, y recordé  como cuando de niño iba con mi papá y corría por el patio, hasta mi último día como alumno y las grandes personas que conocí ahí que marcaron gran parte de mi vida.

-no cambió mucho desde que me fui- dije, mientras caminaba junto a él con una extraña sensación en mi pecho.

Llegamos hasta un armario que le pertenece a él, lo abrió y comenzó a sacar sus “elementos de trabajo”, como él los llama. Una linterna potente, una radio, una pava, un mate y una escopeta.

-Esta es solo para dar miedo, nunca la use ni la voy a usar aquí -contaba mientras la sostenía con ambas manos y me mostraba que estaba descargada.-Solo la uso cuando salgo de cacería.

-Vení, acompañame-  dijo mientras comenzó a caminar hacia el fondo del gran predio que conforma a la institución.

Estaba todo oscuro, yo veía poco, pero él se movilizaba como si nada, como cual animal nocturno en busca de una presa en los montes, encendió la linterna para que yo pueda guiarme, llegamos hasta un poste que tenía una caja, la abrió, levantó las llaves de electricidad que estaban ahí y de repente esa oscuridad se volvió claridad en esa noche sin luna, que estaba tapada por las nubes.

-Esto tengo que hacer yo- me dijo mientras observaba cada rincón del lugar- vamos al aula, en un rato volvemos a dar otra vuelta.

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“Jurja”, no tuvo la posibilidad de terminar sus estudios, solo llegó a finalizar la primaria, pero lo que aprendió no lo olvidó pues le encanta leer el diario y es muy hábil para las matemáticas, es más sus hijos mencionan que de niños el los ayudaba con las tareas de la escuela hasta que pudo, y que siempre cuando estaban reunidos en familia les inculcaba el pensamiento de que debían estudiar para llegar a ser algo y siempre se ponía como ejemplo para que ellos fuesen lo que él no pudo, que nunca se queden.

Siempre tuvo el apoyo de sus hijos y de su esposa, María Luisa, a quien conoció tiempo después de haber llegado al pueblo y con quien está hasta hoy en día después de casi 50 años. Construyeron una gran familia y criaron a diez hijos juntos.

-Desde que llegue aquí comencé a trabajar en lo que me ofrecían-contaba mientras hacía memoria para recordar todo lo había hecho -nunca dije que no a nada y aprendía rápido.

Pues ya desde joven su padre le había inculcado el habito del trabajo a él y a sus hermanos por lo que adaptarse no era un problema, me describió trabajos que hizo donde se demandaba un esfuerzo extra como hachar caña pues cuenta que en aquella época las maquinas que vemos hoy en día no estaban, el trabajo ese era hecho por personas, para que luego se convirtiera en azúcar.

-Me levantaba a las 4 de la mañana para ir a laburar, hachábamos hectáreas sobre hectáreas.

No me sorprende que lo haya hecho porque hoy en día no se queda quieto un segundo, siempre está con ganas de hacer las cosas, aunque su cuerpo ya no es aquel del pibe de 20  que llegó al pueblo hace 50 años y su movimientos sean cada vez más limitados. 

Así siguió en lo que encontraba pero su fuerte siempre fue la pintura y la albañilería donde trabajaba de excelente manera siempre comprometido con cada trabajo que hacía, por lo que la gente todo el tiempo lo recomendaba. Con esta constancia en el trabajo trato de darle lo que más pudo a sus hijos y estos lo aprovecharon de la mejor manera, ya que de los 10, 9 terminaron hasta los estudios secundarios, algunos llegaron hasta ahí y formaron sus familias mientras que otros siguieron el camino, como mi padre, quien según jurja, siempre fue el que más se esforzó y que por eso llegó hasta donde está hoy en dia, ya que ocupa un puesto como instructor agropecuario en el mismo colegio.

-Estoy orgulloso de mis hijos porque son gente de bien, todos y cada uno de ellos entendieron el mensaje que siempre les transmitía- decía, con una cara de como quien sabe que ha logrado su objetivo.


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La guitarra. Un pasatiempo que aprendió solo.
Una mañana en su casa, sentado en el patio con una pequeña mesa, una enorme taza de mate cocido, una rodaja de pan estaba rodeado por sus nietos, los más pequeños, quienes jugaban y corrían a su alrededor como las almas libres e inocentes  que son. Sacó su guitarra y comenzó a puntear  la tarantela mostrando que la agilidad de sus manos se mantiene intacta al igual que su memoria, pues a él nunca nadie le enseñó, más no tuvo los medios para que alguien le enseñase a tocar, por lo tanto todo lo que sabe lo aprendió solo, mirando, escuchando, intentando y claro que lo logró. Solo basta escucharlo un segundo para darse cuenta.

A la hora del almuerzo se deben juntar un par de mesas cuando todos sus hijos lo visitan, el siempre en la punta junto a su esposa y su infaltable vinito, nunca le faltan anécdotas para contar, o algún cuento para hacer reír a todos, y son tan sanos que hasta los más pequeños se ríen, quizás algunas anécdotas sean un poquito más de lo que podrían haber sido en realidad o quizás sean reales totalmente, lo cierto es que todos lo escuchamos atentamente porque son tan atrapantes que no podes evitar escucharlo.

-Estos son los mejores momentos- comentaba contento y en su avejentada cara solo se veía felicidad- los problemas son más que las cosas buenas por eso estas cosas tenes que disfrutarlas el doble.

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El reencuentro con sus hijas en el año 2012.
Ernesto habla con naturalidad de sus primeras hijas (Mirta y Sandra), no ocultó nada, es más el siempre las mencionó frente a sus otros hijos para que estos supieran que tienen otras hermanas, a las que anhelan conocer pero es un tanto complicado, pues estas viven en Buenos Aires ya que su madre las llevo cuando eran pequeñas, “jurja” cuenta que pasó muchos años sin saber de ellas, que siempre pensaba en cómo habían cambiado con los años en los que él no pudo estar a su lado.

-yo las volvi a ver después de 18 años, viaje y las vi- decía mientras bajaba un poco la mirada, y se lo notaba sentido por dentro –luego las volví a ver en el año 2012 recién.

En este nuevo rencuentro sus hijos jugaron un papel muy importante, porque se comenzaron a mover  buscando información de sus hermanas para encontrarlas, y de a poco después de unos meses consiguieron la manera de contactarlas.

Ellos creen que sin la ayuda de la tecnología actual hubiese sido muchísimo más difícil, ya que por medio de Facebook pudieron ver cómo eran sus hermanas a las que tanto querían conocer, pues ver a alguien que no conocías que lleva tu misma sangre aunque sea en fotos te llena de emoción, presencie esos momentos en carne propia y veía la cara de cada uno de mis tíos y solo podía ver alegría y felicidad recorriendo en sus cuerpos, pues me pasaba lo mismo ya que supe que tenia primos tan cercanos, pero a la vez tan lejos que nunca había visto.

Las comunicaciones por medio de mensajes llamadas, redes sociales comenzó a ser fluida, bastante diría yo, porque el trato era tan natural como si todos nos hubiésemos conocido de toda la vida y sentís esa conexión familiar dentro tuyo.

Así fue que “jurja” programo su rencuentro y viajo junto a su mujer, en ese momento todo fue felicidad, ya que también conoció a todos sus nieto y hasta bisnietos.

Ahora solo falta el encuentro cara a cara con sus hermanos, que hasta ahora no se pudo concretar pero se espera con muchísimas ansias ese día, que muy pronto llegará, mientras tanto, Ernesto ahora solo disfruta de la vida y de su gente, se siente realizado que ha cumplido su meta y por eso solo disfruta cada día más.

-me siento orgulloso de todos mis hijos, siento que cumplí mis metas y que ellos también lo hicieron- expresaba jurja con los ojos que le brillaban por primera vez como si una lagrima quisiera salir disparada - tengo 12 hijos, 35 nietos y 14 bisnietos, y por suerte todos están bien.


Ernesto en el festejo de su cumpleaños número 70 junto a su esposa, un nieto y nueve de sus hijos



Festejo de su cumpleaños rodeado por el afecto que le brindan siempre sus nietos.

La vida misma nos enseña que nada es fácil, que para tener algo debes buscarlo, que siempre tendrás una segunda oportunidad para comenzar de cero, estas y otras enseñanzas me deja siempre como abuelo. El ahora solo está a la espera de ese encuentro entre sus hijos…


Jurja, nos cuenta una anécdota de su vida, siempre con ese toque de humor.




Aquí nos muestra algo de lo que aprendió con la guitarra. 




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