¡Perón, Perón que grande sos! ¡Mi general cuanto vales! ¡Viva Perón! ¡Cantá Paco, cantá!- escuche a lo lejos mientras ingresaba por el portón de aquella casona amplia con un pasillo interminable. Me paré en medio junto a la columna donde terminaba el enorme tinglado y observe las tres primeras habitaciones que parecían oscuras y frías. Sentí el silencio abrumador y poco a poco vi que comenzaba a acercarse lentamente hacia a mi con dificultad, mi corazón se aceleraba cada vez más. Lo tenia frente a mi, con una mirada penetrante como mira quien huyó de la muerte tantas veces y a la vez tan pasivo como quien va muriendo lentamente por el peso de los años y de una enfermedad silenciosa que lo aniquilaba lentamente. Podría llamarlo Juan o Pedro, quizás Luis o Enrique o con alguno de las infinidades de nombres que pudo tener una persona de 80 años en su vida para ocultar su identidad. Yo preferí llamarlo de la manera en que sentía que su alma se conectaba para que el pasado se hiciera presente.
- ¡COMANDANTE, SI SEÑORA! Comandante Uturunco ¡Nadie, jamás en su vida hizo todo lo que yo hice por Perón, por mi general!
Cualquiera que lo viera diría que estaba desquiciado, hasta yo sentía que era una locura todo esto y la escena lo representaba aún más. Sin darme cuenta él ya estaba recostado en su sillón con los ojos semis abiertos y yo a un costado en una silla con mi grabador y mi cuaderno esperando el inicio de la carrera para involucrarme en su historia. Recordaba, suspiraba y bostezaba de vez en cuando como un niño chiquito a punto de entrar a un sueño, yo entré en ese mar de recuerdos.
- Vi a Evita bajar de ese auto negro con un vestido azul, había un tumulto de gente, todos la idolatraban y ella tan hermosa y gentil nos saludaba, yo que estaba adelante de puntas de pie agarrándome de un poste para no caerme le grité: ¡EVITA!, ¡EVITA!, ¡VIVA EVITA!
Ella me miró con los ojos llenos de compasión humana y mientras seguía su camino no dejaba de observarme. Desde ese entonces supe algo iba a cambiar en mi vida y que quería ser un guerrero como ellos lo fueron.
***
Juan Carlos Diaz era un niño de campo, el mayor de tres hermanos y de una familia bondadosa. Su padre trabajaba en el ferrocarril, en la localidad de La Madrid, al sur de la provincia y su madre era sub delegada de la fundación Eva Perón, donde se encargaba de escribir cartas de pedidos que la gente humilde necesitaba y luego distribuía la mercadería correspondiente a cada familia. Era tanto el trabajo, que Juan pasaba más tiempo en la casa de su tío Carlos trabajando la tierra de una pequeña huerta y en las vacaciones de verano madrugaba a las 5 de la mañana para acarrear las vacas y ordeñarlas. No le temía a nada, la oscuridad no era un obstáculo ni los mitos un impedimento, pero de que ocurrían cosas extrañas, no cabe duda que ocurrían.
- ¿Por qué te mordés las uñas?- Me dijo y me sobresalté, ni siquiera me dejó defenderme y continuó analizándome
- Dicen que las personas que se muerden las uñas es por que están impacientes o le temen a algo. Yo jamás le temí a nada, aprendí a tomar coraje en el monte.
En medio de tanto palabrerío centré mi mirada en el retrato de sus padres para seguir la historia de cerca. Podía percibir el pasto, los arboles, las flores, el ruido de los coyuyos en la tarde y hasta el aroma a tierra mojada de una lluvia pasajera. Las tardes de su niñez eran bastante pesadas, cualquier cosa podía pasar, la sensación de que alguien lo observaba duró hasta que tomó valor para enfrentarlo.
- Todo el tiempo me perseguía el “P... que lo parió”
- ¿Quién?
- Así lo llamaba mi tío, solía salir a la siesta o al anochecer.
Recordo el día que jugando a las escondidas no podía encontrar Rosa, su hermana más pequeña y buscando desesperado vio que esa sombra disminuta y con gran sombrero de paja se la llevaba por el monte de la mano. Le gritó varias veces para que ella reaccionará y cuando volvió en si se prendió de sus piernas llorando y gritando, por poco Juan no perdió a su hermana.
Había pasado tres días de idas y vueltas a la casa del comandante, de charlas que entre mate y mate terminaban cuando el cielo se tornaba oscuro por completo y aun no podía sacarle ni una sola palabra de la guerra, de esa lucha que marcó su vida. Me hablaba de su infancia, de las extrañezas que ocurrían en su hogar , como aquella vez que su hermano “ Tucho” con dos meses de vida dormía plácidamente en la cama matrimonial de su madre mientras él jugaba con sus autitos en el rincón de la misma habitación , de repente alzó la mirada y vio como el pequeño rodó por la misma y cayó al suelo inconsciente. Jamás supo explicar lo ocurrido, sólo recuerda ese alboroto de personas que ingresaron en un instante y a su madre Carmen arrodillada ante la imagen de la Virgen del Rosario con su bebe en brazos implorando por su vida. Tucho no volvió a ser el mismo, creció con una capacidad diferente a los demás debido al fuerte golpe en su cabeza, tenía problemas en el habla pero aun así era un niño muy inteligente y sabia comunicarse bien.
Juan creció con una buena educación, sus padres eran muy estrictos y siempre le inculcaron el valor del respeto hacia su prójimo. Su vida escolar se desarrolló en la Escuela Primaria 271 , allí le enseñaban lo que era la verdadera disciplina: Los alumnos debían asistir impecables a la institución , sus cuadernos no podían tener ni un rasguño, ni hablar de las salpicaduras del tintero al escribir con pluma. Si había una distracción el docente golpeaba sus cabezas o sus manos con un puntero y si había disturbios entre compañeros citaban a los padres y por ende ganaban penitencia asegurada.
Si a alguien temían allí era a la directora de aquel establecimiento, la Señora Tula, una mujer alta y fina, de un corazón frio. Jamás llevaba una sonrisa en el rostro y cada vez que pasaba por un lugar los alumnos debían pararse y saludarla con respeto. En una de esas ocasiones en que la mujer ingresó al aula Juan largó una leve risa y sin posibilidad de explicación lo dirigió de la oreja a la dirección en donde pasó toda la tarde escribiendo en su cuaderno: “ Debo respetar a los mayores”. Al enterarse sus padres fue la primera vez que recibió tres marcas en su espalda con un cinto y dos semanas sin escuchar fútbol por la radio.
***
Era un día miércoles cuando volví a ver al comandante después de una semana sin comunicación, entré decidida a ir al fondo del asunto, mi ansiedad de saberlo todo me consumia. Él estaba sentado en el sillón leyendo el diario, me senté en la silla de siempre y luego de un rato de opiniones de transito y espectáculos me dijo:
- Yo tenía 15 años cuando murió mi padre, no pude estudiar más porque tuve que trabajar para tomar el mando de la familia, mis hermanas tenían que terminar la primaria y mi mamá también hacia lo que podía, fue madre y padre a la vez, todos los días trataba de que la ausencia de mi tata doliera menos.
Hice silencio por unos segundos con la vista clavada al suelo y el continuó diciendo:
- Seis años después le dije a mi mamá que me iría a militar con resistencia peronista, ella estaba aterrada por mí y temía por mi vida, pero logré calmarla con cuentos que ni yo mismo lo creía. ¡Pobre mi mama como ha sufrido!
Dos años después del exilio del presidente Juan Domingo Perón a Panamá se introdujo en la lucha política por la vuelta del General, en contra del cierre de los ingenios y batallando por la reivindicación de las personas en sus trabajos. Con la resistencia peronista Juan partió a los cerros tucumanos junto a ocho compañeros, allí lo bautizaron como “Uturunco”, nombre que le dio “Doña Mari”, una de las tantas mujeres que viajaba a Bolivia para traficar los explosivos con los que se disponían a atacar. Así se inició la banda de los Uturuncos y Juan fue nombrado comandante de operaciones por ser el más valiente y conocer a la perfección cada rincón de los montes.
Eran ocho al principio: Enrique, Franco, Pedro, León, Romario, Santiago, Raúl y Juan. Ya habian asaltado a la policía de Alto Verde y el ferrocarril , salían en vehículos a la ruta para tomar el cuartel de bomberos y robar armamentos. Todo lo hacian por el pueblo, ni un solo peso de lo que robaban era para su beneficio personal, todo era para ayudar a los pobres.
- En una de las tantas operaciones que realizamos atacamos la casa de Ramón Paz Posse, uno de los infelices más grandes que había, la casa todavía está por calle Rivadavia y Mendoza, donde funciona la casa central del Siprosa. Eran las once de la noche, a esa hora no había nadie afuera, yo tomé un caño y lo mandé por el veintiluz de abajo donde era la cocina, recuerdo que voló esa parte del edificio, no todo pero si toda la cocina, no había nadie ese día allí, nosotros siempre actuábamos cuando estaba deshabitado.
Juan hablaba con soltura , sin pelos en la lengua, podía sentir su confianza en mi , tenia la sensación de libertad al contarme todo, esa libertad que perdió por ocho años en la cárcel de Villa Urquiza donde lo torturaban con picanas para que delatara a sus compañeros, jamás consiguieron sacarle una palabra .
Al salir de la cárcel fueron a su encuentro militantes para informarle que había gente de Cuba, amigos del “Che” Guevara que ya tenían su guerrilla y querían sumarse a la revolución, Juan habló con el “ Vasco” quien formaba parte de la FAN ( Fuerza Armada de la Revolución Nacional ) y allí hicieron alianza.
Le había ganado a la muerte tantas veces que daba miedo imaginarse. Una de las tantas fue en aquel viaje a Buenos Aires, donde se reunían secretamente a distribuir sus armamentos. Ese día estaban en el edificio de calle Posadas al 2800 contando sus armas de ataque, había un 50% de gelinita. En ese apartamento se hallaban “ Chifle”, Lito Felman, Hugo Perini, Ernesto González, el “flaco” Rey, el “ Vasco” Beicochea y Juan el comandante. En un mesón grande Felman contaba la cantidad de granadas obtenidas , mientras que en frente hablaban, cantaban y jugaban , reían , bebían y seguían sus anécdotas, en ese entonces Chifle le sugirió a Juan :
- Vamos a comprar unas facturitas aquí a la vuelta para tomar el mate
Mientras tanto el Vasco observaba a Felman tan concentrado en lo que hacia y Alcanzó a decirle:
- Tené cuidado que esas son muy celosas.
Juan y Chifle bajaron por el ascensor rumbo a la panadería, en el camino de vuelta, a dos cuadras del departamento vieron como una especie de hongo azul y sintieron un enorme estallido que los aturdió, el edificio había explotado con todos sus amigos dentro, no había quedado ni uno con vida. No valía la pena volver al lugar del hecho ya que podían arriesgarse a ser capturados por la policía, por ello salieron inmediatamente de ahí en el primer taxi que encontraron, luego tomaron el primer tren a Tucumán.
Toda la documentación ya estaba en manos de la policía, por lo que al llegar al Jardín de la República eran bastante perseguidos.
- ¡Alma de mi Tata salvame!
- Eran unas mierdas los militares, a un compañero lo metieron dentro de un tanque con cemento y lo tiraron al mar. Los policías tampoco se quedaban atrás, algunos nos tenían miedo pero los jefes los mandaban , a algunos presos los orinaban, los mataban y a las mujeres las violaban sin piedad.
Todos eran familia, a pesar de que no siempre concordaban todos los partidos peronistas tenían un mismo objetivo : Derrocar al gobierno represor y la vuelta de Perón al poder. Fue así que en su regreso a Tucumán Juan fue buscado para ser parte de un nuevo partido: La FAP ( Fuerza Armada Peronista), con dicha organización decidieron asaltar el banco de Termas de Río Hondo para recaudar dinero para la guerrilla y repartirlo con las viudas, los obreros despojados de sus trabajos y muchas familias sin hogar en todo el norte del país.
- Tenia cara de boludo y perfil bajo, por eso nadie sospechaba de mi.
Juan estando prófugo veía y escuchaba a la gente leer los diarios en frente de él y nadie se imaginaba que era uno de ellos.
Un día de lluvia volvía en tren de Buenos Aires, traía consigo las armas de la prefectura marítima, eran cuatro fusiles desarmados y seis millones de pesos en una caja, ante las mínimas sospechas de un matrimonio, fingió que volvia de casería y en un decuido se lanzó de el arriesgándose a cruzar el tramo bajo la tormenta hasta llegar a un lugar seguro.
***
A pesar de ser una historia fuerte, me entusiasmaba oírla, quería saber más, pero los días oscurecían demasiado rápido, así que decidí ir a ver al Comandante ni bien arrancara la siesta. Me sentía parte de la historia, como un espectador más que nadie podía ver ni oir.
El día jueves llegué temprano, la lluvia de noviembre había arrasado con mi cabello y mi ropa, no hacía más que tiritar. Don Juan le daba de comer a Paco y cuando me vio me dijo:
- Pasa , pasa cebate un mate caliente así te pasa el frío. Aunque vos no sabes el significado de la palabra frío. Cuando me llevaron preso por última vez a Trelew, en la cárcel de Rawson nos moríamos congelados, nos hacían sufrir las torturas, apagaban las estufas, las paredes de piedra transpiraban, solo teníamos un colchón desnudo, en la ducha nos ponían el agua hervida o muy fría . En la celda de castigo introducían una manguera que largaba agua congelada hasta la altura de los tobillos, de manera que no podíamos sentarnos, ahí supe lo que era el frío.
Juan cayó preso en Trelew luego del asalto al Banco Comercial del Norte, ubicado en ese entonces en Pasaje 1ero de Mayo y Avenida Juan B. Justo, allí una vez a la semana se hacía la recaudación. Era un viernes a la mañana cuando Juan y sus colegas ingresaron al banco vestidos de obreros, para safar del control militar, una vez adentro cortaron la luz y acorralaron a los policías , lograron escapar con 42.000.000 de pesos. A la salida lo perseguían tres patrulleros de los cuales dos decidieron desistir al ver que uno voló por las aceras tras una granada. Juan se ocultaba junto a cuatro compañeros de la FAP en una casa ubicada en 12 de Octubre y Santa Fe, allí también se encontraba su hijo pequeño de tres años , Carlitos, quien lo acompañó en varios operativos. La casa fue descubierta por los oficiales y dos horas después del robo era invadida por tiroteos y el pedido de que se rindieran. Marta una de las integrantes del grupo guerrillero envolvió a Carlitos con un acolchado y lo sacó por la puerta de atrás, pensó que iba a pasar desapercibida, ya que los ojos de los oficiales estaban centrados en los tres hombres de adentro, pero sin embargo no fue así y terminó arrestada y el niño en la Sala cuna hasta que su madre pudiera hacerse cargo de la situación. De esa vivienda se llevaron 450 monedas de oro y armamentos, pero la plata robada al banco jamás fue hallada. Los tres fueron trasladados a Rawson.
En aquellos lugares donde los detenían los presos padecían todo tipo de torturas, los llevaban de a uno al sanitario, por lo que algunos no aguantaban y se orinaban en los pantalones. Juan estaba cansado de esas injusticias y armó un complot para que tomaran medidas. La idea era hacer sus necesidades en un tarro que todas las celdas tenían y largar el contenido en el pasillo, de esa manera los guardias iban a pisar todos los desechos y se verían obligados a determinar una solución . Y así fue, luego de ese hecho llevaban de a tres presos a los baños y así ahorraban tiempo.
-Vos no sabes todas las cosas que tuve que pasar yo, todo lo que vi en mi vida, todas las aberraciones que aguanté y gracias a Dios jamás me manché las manos con sangre, todo lo que hice fue por una causa justa.
El Comandante había sufrido dos heridas de bala en la pierna, todavía llevaba una bala dentro que nunca se dispuso a operar.
Junto a la guerrilla realizaron miles de operativos uno de los más grandes fue el asalto a la jefatura central de Santiago del Estero. Fue un 24 de diciembre, esa noche llegó un camión de reparto con comida para los policías, todo estaba armado en base a su plan, el vino tenía una sustancia para adormecerlos. Estaban Jaroma, el “Puma” , Emilio y Juan , ingresaron directamente a acorralar a los “ratis” que eran 18, los introdujeron en el calabozo y le robaron todas las joyas y las botas excepto el dinero porque ellos tenían familias que alimentar. Juan se acercó a uno de ellos y le preguntó: “ ¿Donde esta el Jefe?” y este le respondió que estaba en la habitación de arriba.
- Corrí a abrir el cuarto, había una botella de whisky vacía y lo vi a él en la cama dormido con una mina, estaban como Dios los trajo al mundo, lo levanté de los pelos y le dije “ camina si no querés que te vuele el mate” , lo llevé abajo y lo encerré con los demás. Nos llevamos todas las armas que habían.
Juan tenia los pies muertos, destrozados y necesitaba unas zapatillas por lo que pararon en una casa y pidieron asilo, alli Juan envió a un joven que le comprara un pantalón y unos calzados, pero le confió demasiados secretos y a la salida se encontraron con la patrulla. Aquel muchacho era sobrino del oficial y los había denunciado. Juan quiso saltar un alambrado pero no hubo escape y fue llevado a un galpón maloliente, habían varios presos enfermos, se bañaban todos en una sola ducha y ahí hacían sus necesidades, por suerte el Comandante no se contagió de ninguna peste y a los días vinieron a rescatarlo sus compañeros de la Fuerza y pudo huir de ahí.
Hay cosas que me costaba entender del comandante: ¿Como un hombre podía tener tanta pasión por algo que le podía costar la vida en cualquier momento? Había abandonado a su hijo y a su ex mujer por la guerrilla, sin contar que había dejado a su madre sufriendo junto a sus hermanos que ya no tenían un padre que los protegiera. Me quedé pensando en todo lo que tuvo que pasar y cuando estaba a punto de preguntarle ¿Por qué? Continuó con el relato, lo más importante de esta historia.
Cuando estaban en Rawson comenzaron a planificar la fuga, había fecha para el 16 de agosto, primero iba a salir un grupo de 6 presos cada 20 minutos, en total eran tres grupos. Juan estaba en el último grupo y no estaba de acuerdo con que se demoraran tanto. A sus complices no les importó nada, cuando llegó el día escaparon hasta el aeropuerto de Trelew, tomaron el avión y cuando estaba en el aire "apretaron" al piloto para que aterrizara antes, allí el control se dio cuenta que había una fuga y fueron en su búsqueda. Ya habían matado a dos guardias. Fueron capturados 19 personas y 16 de ellos fueron fusilados, el último grupo de presos no pudo escapar nunca. Juan tuvo que cumplir una condena de 6 años allí, jamás pude perdonar a aquellos compañeros traidores que prefirieron escapar sin pensar en los demás.
Cuando el Comandante recuperó su libertad comenzó a trabajar en un pequeño partido político, luego se casé y tuvo a su hijo Gonzalo Diaz quien lo acompaña desde entonces, de Carlitos también se hizo cargo a la distancia y de vez en cuando recibía postales y algunas visitas sorpresas.
Con sus hijos ya maduros de edad pasó por la pérdida de su esposa, hoy por hoy la extraña demasiado, pero su vida sigue en pie.
Los años y las experiencias le fueron pasando facturas a su cuerpo. La diabetes se apoderó de él siendo un adulto mayor y a veces buscaba hacer estragos en él pero jamás lo venció. Ya tenia su cuerpo cansado por tantas aventuras por lo que debía tomar los cuidados necesarios para no recaer, pero su mente seguía siendo joven y vivaz, ni un solo recuerdo se había esfumado de su memoria.
Me quedé conmocionada, no me arrepentía de semejante historia. Sólo quedaba una duda ¿Cuando terminó la lucha?. Como leyendo mis pensamientos el Comandante exclamó:
-¡ La lucha sigue, la revolución que se pierde es la que se abandona!.
Mientras salía de la grande casona del Comandante me parecía escuchar la marcha de la guerrilla, el sonido del viento que chocaba con las ramas me hacia sentir que los arboles coreaban bajo la luz de la luna:
“ El valiente guerrillero
El guerrillero argentino
Bandera que agita al viento
Grito de obreros machos
Canto de mujeres sufridas
Nuestra lucha será larga
Nuestros compañeros caerán
Pero estarás presente hasta la lucha General”.
B
- Pasa , pasa cebate un mate caliente así te pasa el frío. Aunque vos no sabes el significado de la palabra frío. Cuando me llevaron preso por última vez a Trelew, en la cárcel de Rawson nos moríamos congelados, nos hacían sufrir las torturas, apagaban las estufas, las paredes de piedra transpiraban, solo teníamos un colchón desnudo, en la ducha nos ponían el agua hervida o muy fría . En la celda de castigo introducían una manguera que largaba agua congelada hasta la altura de los tobillos, de manera que no podíamos sentarnos, ahí supe lo que era el frío.
Juan cayó preso en Trelew luego del asalto al Banco Comercial del Norte, ubicado en ese entonces en Pasaje 1ero de Mayo y Avenida Juan B. Justo, allí una vez a la semana se hacía la recaudación. Era un viernes a la mañana cuando Juan y sus colegas ingresaron al banco vestidos de obreros, para safar del control militar, una vez adentro cortaron la luz y acorralaron a los policías , lograron escapar con 42.000.000 de pesos. A la salida lo perseguían tres patrulleros de los cuales dos decidieron desistir al ver que uno voló por las aceras tras una granada. Juan se ocultaba junto a cuatro compañeros de la FAP en una casa ubicada en 12 de Octubre y Santa Fe, allí también se encontraba su hijo pequeño de tres años , Carlitos, quien lo acompañó en varios operativos. La casa fue descubierta por los oficiales y dos horas después del robo era invadida por tiroteos y el pedido de que se rindieran. Marta una de las integrantes del grupo guerrillero envolvió a Carlitos con un acolchado y lo sacó por la puerta de atrás, pensó que iba a pasar desapercibida, ya que los ojos de los oficiales estaban centrados en los tres hombres de adentro, pero sin embargo no fue así y terminó arrestada y el niño en la Sala cuna hasta que su madre pudiera hacerse cargo de la situación. De esa vivienda se llevaron 450 monedas de oro y armamentos, pero la plata robada al banco jamás fue hallada. Los tres fueron trasladados a Rawson.
En aquellos lugares donde los detenían los presos padecían todo tipo de torturas, los llevaban de a uno al sanitario, por lo que algunos no aguantaban y se orinaban en los pantalones. Juan estaba cansado de esas injusticias y armó un complot para que tomaran medidas. La idea era hacer sus necesidades en un tarro que todas las celdas tenían y largar el contenido en el pasillo, de esa manera los guardias iban a pisar todos los desechos y se verían obligados a determinar una solución . Y así fue, luego de ese hecho llevaban de a tres presos a los baños y así ahorraban tiempo.
-Vos no sabes todas las cosas que tuve que pasar yo, todo lo que vi en mi vida, todas las aberraciones que aguanté y gracias a Dios jamás me manché las manos con sangre, todo lo que hice fue por una causa justa.
El Comandante había sufrido dos heridas de bala en la pierna, todavía llevaba una bala dentro que nunca se dispuso a operar.
Junto a la guerrilla realizaron miles de operativos uno de los más grandes fue el asalto a la jefatura central de Santiago del Estero. Fue un 24 de diciembre, esa noche llegó un camión de reparto con comida para los policías, todo estaba armado en base a su plan, el vino tenía una sustancia para adormecerlos. Estaban Jaroma, el “Puma” , Emilio y Juan , ingresaron directamente a acorralar a los “ratis” que eran 18, los introdujeron en el calabozo y le robaron todas las joyas y las botas excepto el dinero porque ellos tenían familias que alimentar. Juan se acercó a uno de ellos y le preguntó: “ ¿Donde esta el Jefe?” y este le respondió que estaba en la habitación de arriba.
- Corrí a abrir el cuarto, había una botella de whisky vacía y lo vi a él en la cama dormido con una mina, estaban como Dios los trajo al mundo, lo levanté de los pelos y le dije “ camina si no querés que te vuele el mate” , lo llevé abajo y lo encerré con los demás. Nos llevamos todas las armas que habían.
Juan tenia los pies muertos, destrozados y necesitaba unas zapatillas por lo que pararon en una casa y pidieron asilo, alli Juan envió a un joven que le comprara un pantalón y unos calzados, pero le confió demasiados secretos y a la salida se encontraron con la patrulla. Aquel muchacho era sobrino del oficial y los había denunciado. Juan quiso saltar un alambrado pero no hubo escape y fue llevado a un galpón maloliente, habían varios presos enfermos, se bañaban todos en una sola ducha y ahí hacían sus necesidades, por suerte el Comandante no se contagió de ninguna peste y a los días vinieron a rescatarlo sus compañeros de la Fuerza y pudo huir de ahí.
Hay cosas que me costaba entender del comandante: ¿Como un hombre podía tener tanta pasión por algo que le podía costar la vida en cualquier momento? Había abandonado a su hijo y a su ex mujer por la guerrilla, sin contar que había dejado a su madre sufriendo junto a sus hermanos que ya no tenían un padre que los protegiera. Me quedé pensando en todo lo que tuvo que pasar y cuando estaba a punto de preguntarle ¿Por qué? Continuó con el relato, lo más importante de esta historia.
Cuando estaban en Rawson comenzaron a planificar la fuga, había fecha para el 16 de agosto, primero iba a salir un grupo de 6 presos cada 20 minutos, en total eran tres grupos. Juan estaba en el último grupo y no estaba de acuerdo con que se demoraran tanto. A sus complices no les importó nada, cuando llegó el día escaparon hasta el aeropuerto de Trelew, tomaron el avión y cuando estaba en el aire "apretaron" al piloto para que aterrizara antes, allí el control se dio cuenta que había una fuga y fueron en su búsqueda. Ya habían matado a dos guardias. Fueron capturados 19 personas y 16 de ellos fueron fusilados, el último grupo de presos no pudo escapar nunca. Juan tuvo que cumplir una condena de 6 años allí, jamás pude perdonar a aquellos compañeros traidores que prefirieron escapar sin pensar en los demás.
Cuando el Comandante recuperó su libertad comenzó a trabajar en un pequeño partido político, luego se casé y tuvo a su hijo Gonzalo Diaz quien lo acompaña desde entonces, de Carlitos también se hizo cargo a la distancia y de vez en cuando recibía postales y algunas visitas sorpresas.
Con sus hijos ya maduros de edad pasó por la pérdida de su esposa, hoy por hoy la extraña demasiado, pero su vida sigue en pie.
Los años y las experiencias le fueron pasando facturas a su cuerpo. La diabetes se apoderó de él siendo un adulto mayor y a veces buscaba hacer estragos en él pero jamás lo venció. Ya tenia su cuerpo cansado por tantas aventuras por lo que debía tomar los cuidados necesarios para no recaer, pero su mente seguía siendo joven y vivaz, ni un solo recuerdo se había esfumado de su memoria.
Me quedé conmocionada, no me arrepentía de semejante historia. Sólo quedaba una duda ¿Cuando terminó la lucha?. Como leyendo mis pensamientos el Comandante exclamó:
-¡ La lucha sigue, la revolución que se pierde es la que se abandona!.
Mientras salía de la grande casona del Comandante me parecía escuchar la marcha de la guerrilla, el sonido del viento que chocaba con las ramas me hacia sentir que los arboles coreaban bajo la luz de la luna:
“ El valiente guerrillero
El guerrillero argentino
Bandera que agita al viento
Grito de obreros machos
Canto de mujeres sufridas
Nuestra lucha será larga
Nuestros compañeros caerán
Pero estarás presente hasta la lucha General”.






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