viernes, 2 de diciembre de 2016

Volver a los orígenes

“Donde una puerta se cierra, otra se abre” - Miguel de Cervantes Saavedra. 

Muruaga en Mitre luce el número cinco que siempre lo acompaño. 



El punto de encuentro es en la avenida Belgrano 1547 de la capital tucumana, la casa de Asociación Mitre. El tiempo y el destino aparentaron ponerse de acuerdo para que mi llegada y la de él fueran simultáneas. Apretón de mano con saludo cordial y un “choque los cinco” con el rubio, de aproximadamente un metro de altura, que lleva de su mano izquierda.
Emprendemos el ingreso por un pasillo largo. Al final del mismo una puerta ploteada con el escudo de la institución y la frase “Bienvenidos al estadio Dionisio Muruaga”. En el camino, niños y adultos saludan al jugador que la noche anterior aportó 12 puntos para la segunda victoria de su equipo en el Torneo Nacional de Acenso.
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José Enrique Muruaga tiene 32 años de edad y mide 1.91 metros. Herencias familiares lo ligaron al mundo del básquet. Dionisio se llamaba su abuelo, nombre que hoy tiene su segunda casa, Asociación Mitre. Su apodo “Pepito” es el diminutivo de “Pepe”, el sobrenombre de su padre. Todos picaron la naranja en un mismo lugar, José continúa haciéndolo y también aporta su experiencia en la parte dirigencial de la institución


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Metros antes entrar a la cancha se comienza a escuchar el grito de felicidad de los chicos, la pelota rebotando en el piso de madera, el chillido que generan las zapatillas al frenar en el piso deportivo y un aroma peculiar que poseen la mayoría de las canchas de básquet, ese que mezcla el cuero y la goma desgastada de las zapatillas y pelotas.
-¿Puedo sacarme una selfie con vos? – Le preguntó un pibe de unos 11 años entre sonrisas.

Accede y lo asume como algo natural. En alguna etapa de su vida se acostumbró a las muestras de cariño que le brinda la gente. Luego de la foto giró su mirada hacia mí y soltó una frase acompañada de un guiño de ojo:

-Tengo que aprovechar, son los últimos cartuchos que me quedan.
Un gesto que comienza a delatar su personalidad, con palabras que dejan en claro que aprovecha y disfruta de su presente.

Nos ubicamos en la única tribuna de cemento, la más alejada de la puerta de ingreso para evitar interrupciones y comenzar la charla. Como generalmente suele suceder, el entrevistado larga la primera interrogación:

-¿Qué me vas a preguntar?

Asienta con la cabeza, cruza los dedos de las manos y relaja su espalda. Su mirada esta puesta en el entrenamiento de los chicos, su cerebro comienza a recopilar viejas imágenes, olores y sensaciones.
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Su niñez fue la de un niño como cualquier otro, entre figuritas, bolillas, amigos y pelotas. Es el menor de tres hermanos y el único varón.

-Un mimado que tuvo tres mamá- se autodescribe.


Mientas recuerda su etapa de niño, sus pensamientos se cruzan y se lamenta que sus hijos no podrán jugar en la calle como lo supo hacer su papá. Jugó al fútbol, hizo natación e incluso sus compañeros de colegio lo llevaron a practicar rugby en Cardenales, pero en su ADN hay otro deporte. 

-El básquet es todo en su vida. Desde que se levanta hasta que se acuesta- confiesa su esposa Carolina.

Acompañó y vio entrenar a su padre desde pequeño. Uno de los tantos juegos que disfrutó con sus amigos era el de embocar la pelota en un aro que le había regalado su papá y luego colocado en la calle.
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Integró las selecciones nacionales de cadetes y juveniles. Fue el goleador argentino en el mundial juvenil de Grecia 2003. Campeón Sudamericano en los años 2002 y 2005, subcampeón Panamericano 2003 y 2006, entre otros logros.

-Nunca soñé con jugar la Liga Nacional, no sabía que era. Siempre aluciné con jugar en mi categoría y hacerlo bien. El básquet local estaba muy bien armado, eran grandes competencias. En esos momentos era muy difícil jugar en la primera del club, ese era mi sueño- recordó.

No solo logró cumplir su sueño y jugar el Torneo Nacional de Ascenso con su club a los 20 años, sino que fue el máximo anotador de la categoría en ese torneo. También consiguió jugar en la élite del basquetbol argentino donde logró títulos nacionales e internacionales.

Debutó en la Liga Nacional como ficha menor del club Belgrano. Pasó por Libertad de Sunchales, Estudiantes de Olavarria, Peñarol de Mar del Plata (donde fue campeón del Súper 8 y de la Copa Desafío), Estudiantes de Bahía Blanca, Lanús y Quimsa (vistiendo esa camiseta salió Campeón de la Copa Argentina, Copa Sudamericana y Copa Desafío).

En tres ocasiones tuvo el mejor porcentaje de tiro de tres puntos y fue seleccionado en el quinteto ideal en dos oportunidades. Disputó dos Juegos de las Estrellas y en uno de ellos fue elegido como el jugador más valioso.

Además de utilizar la camiseta de Mitre en la segunda división del básquetbol de nuestro país, TNA, también usó la de Central Córdoba y la del eterno rival del "Verde de la Plazoleta", Tucumán BB.

Representó a la provincia durante 13 años. Jugó en el seleccionado mayor desde el año 2002 hasta el 2015. En su último Campeonato Argentino pudo lograr el tan ansiado título de campeón y fue el mejor jugador del torneo.


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Con una corta trayectoria y pensando en el futuro de su carrera como basquetbolista, tomó la decisión de cruzarse de vereda y jugar para Tucumán BB. Esta decisión le hicieron ganar un sin fin de críticas, incluso de los hinchas de Mitre.

Levantó las pestañas, suspiró y reflexionó:

-A lo largo de mi vida siempre recibí esas cosas. Es parte de la vida. El que trata de hacer cosas distintas es un punto de la gente que no te conoce y tienen el afán de denigrar y criticar.


Su tono cambió, la voz fue tomando fuerza y seguridad. Como aquel que tiene confianza en uno mismo, que no se arrepiente de la dirección que tomó en su camino.

-Hoy las tomo como algo que quizás me da fuerza a seguir haciendo cosas, toda mi vida fue así y hasta el día de hoy me viene resultando bien.


El impulso de sus palabras hizo que se reflejaran en su lenguaje corporal. Con un poco de nerviosismo cerró el puño de su mano derecha y lo llevó al pecho en cada oración que continó diciendo:

-En mi carrera me pudo haber ido mal, bien o como sea. Pero siempre estuvo en mí ser el dueño de mi destino, el comandante de mi propia vida. Hacer cosas que pueda realizar y no dejar de hacer nada por miedo a cosas o fijarme en lo que pueden decir los demás. Hoy me enfoco en mi vida y en la gente que quiere- se tomó unos segundos, se relajó y finalizó la idea riendo –los demás no me interesan.


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Hay momentos en que el destino pareciera que te juega una mala pasada. Aquellos en los que se deben renunciar a algunas cosas para ir en búsqueda de otras. La vida de las personas se basa en decisiones.

En el año 2011 su madre sufría problemas de salud. A sus dos hermanas se le complicaba cuidarla y acompañarla por circunstancias laborales. Misma situación que la de su padre.

En ese entonces José jugaba para Lanús la Liga Nacional. La lejanía y los problemas lo llevaron a tomar la decisión de dejar todo para poder acompañar a su familia en un momento tan delicado y difícil.

La del "Granate" fue la última camiseta que usó en la primera división del básquet nacional.


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De regreso en Tucumán, conoció a Carolina Sosa, su actual esposa. Con ella formó una familia de cuatro integrantes, tiene dos hijos: Joaquín y Eloisa.

Ojos vidriosos de felicidad y sustento, sonrisa de plenitud que pareciera describirlo repleto, señales que manda su cuerpo al hablar de la importancia de su mujer de una manera sencilla
 y significativa:

-Es un motor que me tira para adelante. Cuando llegan las cosas malas es la que te hace pisar fuerte, agarrarte de ella y trepar para estar mejor.

"El amor de un padre a un hijo no se puede comparar”, dice una de las estrofas de la canción de Los Fabulosos Cadillacs.

-Me cambiaron mi forma de pensar la vida. Son mi cable a tierra, la fuerza de uno. Ya pasé muchas etapas de mi vida. Trabajo para que ellos tengan sus cosas, se puedan dar sus gustos y felicidad. 


Hasta comienzos de la temporada 2015/16 del básquet argentino, recibió ofertas de equipos de Liga para jugar. Una de sus razones principales por las cuales sigue en la provincia es su familia. Otra es el compromiso que asumió junto a su padre.

José Muruaga junto a su esposa Carolina y sus dos hijos.

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Sus gustos de películas lo describen. Aquellos films como la saga de “Rocky Balboa” que dejan un mensaje reflexivo. Pareciera identificarse con el boxeador que cae a la lona y se levanta antes de la cuenta de los 10 segundos para seguir en la pelea.

Regresó a la provincia y jugó en Talleres de Tafí Viejo durante dos temporadas del Torneo Federal. Allí sufrió una lesión en su rodilla que lo alejo de la canchas por un tiempo y que lo motivó a seguir en busca de desafíos.

Sentados en la tribuna de Mitre, mientras algunos chicos juegan al básquet, otros corren por los costados esperando su turno para entrenar y del otro lado un desfile de personas que salen y entran al club para realizar alguna disciplina como la gimnasia, taewon-do o natación. La leve brisa de la tarde noche trae consigo ese aroma a pileta, al cloro del agua, el ruido de la misma, junto con los saltos en el potro de los que practican la gimnasia artística y el bullicio de la pelota picando, dejan notar la actividad que tiene la institución en la actualidad.

Con deseos de superación y junto a su padre tomaron el desafío de llevar la posta de un barco llamado Asociación Mitre.

-Arrancamos un proyecto de tres años muy ambicioso. El club estaba en un momento difícil. Los árbitros no querían dirigirnos, no había camisetas ni pelotas. Comenzamos de a poco. En dos etapas jugamos la ex Liga C. En la primera participación recibimos la invitación para jugar el Torneo Federal y no lo hicimos. Al club le faltaba un toque de horno. Luego salimos campeones de la ex Liga C y ahí si encaramos el Federal. Anduvimos bien y ahora estamos en el Torneo Nacional de Ascenso. Poca gente sabe todo el esfuerzo que se hizo para poder participar. Golpear puertas durante mucho tiempo, hablar con gente, fue un esfuerzo muy grande. Esas cosas a uno lo reconfortan.

José Muruaga volvió a sus raíces. El club que lo vio crecer. Recibió y recibe críticas de sus simpatizantes y de otros también. Es consciente de que el báquetbol tucumano carece de nivel cultural y de apoyo. No bajó los brazos a pesar de los desvíos que tuvo que tomar en su carrera. Hoy es una mezcla de jugador-dirigente que encara el proyecto más importante que tiene el básquet de la provincia.

Es un ambicioso con pies sobre la tierra. Abraza la naranja como un hijo y traza en su recorrido metas cortas para poder cumplirlas. Durante el periodo de tres años que se encuentra en el club, rechazó varias ofertas para volver a jugar en los equipos de élite. Una persona de la vieja escuela, que le da valor a su palabra y que sin querer lo hace notar cuando habla de su próximo sueño:

-Quiero cumplir con las cosas que arranqué, estar bien en el trabajo, con la familia, las cosas de la casa y el proyecto del TNA. Soy una persona que no abandono el barco, cumplo con la cosas. Puedo estar bien o mal, son situaciones de altibajos, pero hay que cumplir de la mejor manera.






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