viernes, 25 de noviembre de 2016

Es torazo en rodeo ajeno

 José Fernando Reinoso, masajista de oficio, pide que le den el espacio y tiempo para poder trabajar con los jugadores profesionales de San Martín. Asegura que es el único capaz de curar la mayoría de las lesiones que actualmente azotan al futbolista profesional. 



 Tiene 83 años, es jubilado del Casino de Tucumán hace ya más de 20 años, goza de buena salud por ser un deportista de toda la vida, masajista de oficio, radical y ateo por decisión y pensamientos propios. Mantiene una lucha de años para poder llevar a cabo su actividad con jugadores de fútbol u otros deportistas de alto rendimiento. En el plantel profesional de San Martín, el lugar donde más desea trabajar, se siente rechazado, sólo se conforma con algún que otro rebelde que se anima a pasar por alto algunas restricciones del cuerpo médico y tiene que conformarse con atender a los chicos de las divisiones inferiores o las del fútbol femenino que tanto lo solicitan; del otro lado, en Atlético, hasta los referentes lo valoran y precisan constantemente. Se juró no insistir más por colaborar en el “Santo” en reiteradas ocasiones, pero semana tras semanas, se entera a través del diario o su radio, sobre algún lesionado en el plantel, se traiciona a sí mismo e intenta comunicarse con ellos para darles una mano. Es toro en su rodeo y torazo en rodeo ajeno.



 El sonido del inodoro del baño me despierta como lo hacía todos los domingos por la mañana. Son casi las 8, eso puedo asegurarlo sin abrir los ojos, hasta puedo saber quién es el autor de dicho ruido y que estuvo leyendo el diario desde hace ya más de una hora. Fernando, religiosamente se levanta los domingo –como casi todos los días- muy temprano y realiza casi la misma rutina. Lee el diario a primera hora en la soledad y simpleza del baño, es su lugar, su santuario como diría ‘Pepe’ en Los Argentos, desayuna junto a su mujer y juntos planifican las actividades que él va a realizar, ella es quien le recuerda si tiene algo pendiente o tienen que asistir a algún otro lado. Pasa un rato y me levanto, lo saludo y fácilmente puedo notar, como extraña esos domingos donde jugábamos al fútbol junto a sus amigos veteranos en el complejo Natalio Mirkin, esa actividad que todavía no puede reemplazar o que tampoco la hubiese reemplazado por nada en el mundo, sin embargo, no me reclama mi ausencia en la casa o en la cancha durante este último  año por miedo a que no quiera volver a visitarlo y quedarme a dormir en su casa, o al menos, esa es mi primera impresión.

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    -“¿Sabes por qué el Bebé hizo el gol? ¿Por qué? ¡Lo que toca el mago se hace oro!”, Me pregunta y se responde con un enorme orgullo sacando el pecho. Martes 30 de agosto de 2016, mientras ve el programa de Marcelo Tinelli por obligación, ya que su mujer, Josefa, se hizo dueña del control remoto de la habitación, durante el día es de él, de noche de ella, excepto que haya algún partido, ahí ambos coinciden en el canal para ver. Lo noto pensando, y me hace recordar en que días atrás, en la previa del partido debut de Atlético ante Rafaela en el Monumental, le hizo masajes a Guillermo Acosta, autor del gol con el que el Decano ganó sus primeros tres puntos en su nueva temporada en Primera División, esperaba mi llamada o verme para contarme eso. No fue ni una, ni dos, ni tres, fueron muchas veces más, que deportistas que pasaron por sus manos antes de un partido o competencia, consiguen su objetivo, o se visten de héroes y salvan a sus equipos, casos como el de Eduardo Schwank, tenista argentino que después de su sesión de masajes ganó un torneo en Tucumán y luego una serie de Challengers; como también Juan José Morales en varias ocasiones ayudó a San Martín a conseguir una victoria con sus tantos agónicos; a casi la mitad del plantel de Cardenales previo a que se consagre campeón del Torneo del Interior; pero la que más recuerda, con un sabor casi amargo aunque lo disimula con gran oficio y lo va superando con el correr del tiempo: el gol de Gastón Stang al “Santo” aquel 8 de mayo del 2011, entre otros goles convertidos por sus pacientes en la previa de algún partido.

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  Mientras el sol se esconde entre los cerros, camino desde calle Italia hacia el Norte sobre Bulnes, y ya llegando a la esquina de Uruguay, puedo observar lo distinta que es su casa a comparación de las de sus vecinos, sus ladrillos a la vista formando una especie de muralla y el enorme portón verde, la hacen que sea una vivencia muy particular en la cuadra. Ya por dentro, el garaje está en la entrada con su auto Wolkswagen Polo gris, brillando como nuevo a pesar de tenerlo hace 16 años, más adelante, en la cocina las paredes con retazos de pintura fresca y a lo lejos puedo ver sus herramientas de trabajo sobre la mesa del patio, me dejan en claro que dejó de hacer algún trabajo para atenderme. Lo acompaño y charlo un poco en el patio mientras arregla un viejo alargador que ya ni siquiera se lo utiliza.

  -“Deberían ver todos cómo se arreglan las cosas para cuando no esté”, me advierte mientras repite una vez más que todo lo que hay en la casa va a quedar para los hijos y nietos.

Arreglar o hacer cosas, es algo de todos los días. Él es un doctor y la casa su paciente más fiel, de la que se enamoró: la cuida, la aprecia, la decora y arregla constantemente, siempre hay algo para hacer, hasta una vez aprovechó el soporte de un ventilador viejo para hacer un árbol de navidad, lo que él llama su gran ‘obra maestra’.


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 La cocina de su casa, amplia con ladrillos barnizados desde el piso hasta un metro de altura, las paredes blancas, el techo alto de color azul como un inmenso cielo despejado en un día de verano, le dan un clima fresco muy particular. Llegó el momento en que se transforma en Rey: está en la mesa hace un largo rato, su silla es la única que se respeta en su casa, una especie de altar ubicado exactamente frente al televisor, puso el noticiero local con un volumen que me ensordece y espera la comida del día con calma. Luego, el olorcito inconfundible a ajo invade la casa y parece ser el llamado a la mesa, ya que automáticamente Pikito, su único nieto a cargo en la casa, llegó para almorzar sin ser llamado.


Si ustedes encuentran una mujer como la mía, han sacado la Lotería”, nos dice.

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TRIIIINNNN TRIIIINNNN TRIIIIINNNNNN 

 Mira el teléfono y observa que la llamada es de María José, su segunda hija.

  - “¿Hooolaaaa?”

 Responde generando un tono parecido a una persona que se encuentra muy enferma, simplemente para hacerle una broma, y vuelve a su voz típica cuando está en una llamada, hablando muy fuerte como para asegurarse que la otra persona lo está escuchando claramente. Le pasa el teléfono a su mujer y continúa completando el crucigrama de una revista viejísima, de hojas amarillas que delatan su antigüedad, que encontró en la biblioteca de su compañera de habitación, jubilada y ex docente del nivel primario. Leer, pensar y resolver este tipo de juegos, problemas, retos, desafíos o conflictos,  lo hace desenfocarse y desconectarse de la realidad y estar inmerso en otro mundo.

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  San Martín y el fútbol es una constante en su vida, es una especie de articulador y quien toma protagonismo central en todas las conversaciones con la familia. No suele saludarme con un ‘hola’, me ve llegar, me da un beso y automáticamente me pregunta algo sobre el “Santo” o me reclama por qué no invité a su casa a algún jugador lesionado aprovechando mi cercanía con ellos por mi función de periodista del club, asegurando que él, es el único capaz de sacarle las molestias que sufre. Él, espera mi llegada, siempre tiene algo que decirme sobre San Martín. Sus reproches ante mi falta de compromiso con llevar el mensaje a los jugadores sobre cuál es su trabajo y que aporte puede hacerles, es una pequeña pizca de impotencia disimulada hasta cierto punto.
Todavía no son las 22.00 y el “Tata”, como lo llamamos sus nietos, ya está en la puerta de mi casa esperándome, Ramón Lentini, el goleador del “Santo” nos está esperando. La cita –la pactó él, sólo le facilité su número de celular- es a las 22.30, pero él quiere estar antes. El número 9 sufre un esguince en una de sus rodillas, una lesión casi insignificante según el manual –que lleva en su cabeza- propio del masajista que confía solucionarle el problema y que el jugador vuelva a las canchas lo antes posible.

  -“Manejá vos, yo ya no confío tanto en manejar de noche

  Me llamó tanto la atención su confesión, ya que para él es tan complicado aceptar esa condición de incapacidad visual, a pesar que de día ve mejor que la gran mayoría de la gente de su edad. Siento que lo dice por decir, dudo que sea tan así, ya que tiene recetados unos anteojos para poder manejar, de los cuales sospecho que es el problema: no los quiere usar.

 Llegamos al country donde vive el goleador, nos recibe junto a su hijo Ian, su mujer y Facundo Yabes, su compañero e íntimo amigo. Pasamos a la habitación de su nene y el empieza con su trabajo. El “Tata” está feliz, siente que está haciendo lo que tanto buscó y por lo tanto no quiere fallar. Yo rompo el hielo hablando con Lentini mientras se retuerce del dolor, a José le cuesta conversar mucho con otras personas, sin embargo, a pesar que su rostro no lo demuestre, él está feliz. Terminó la sesión de Ramón y de Yabes que también quiso pasar por sus manos, Lentini saca su billetera, pero él se niega a recibirle plata.

  Pasaron casi dos semanas, Lentini volvió a la titularidad y hasta convirtió un gol este último fin de semana ante Boca Unidos, pero todavía me consulta por el estado de su rodilla. Siente que es su jugador, y por lo tanto le sigue haciendo el seguimiento. Siente que algo de ese gol es parte suyo, ya que colaboró con su recuperación. Otro truco de magia del “Mago”, teniendo en cuenta que es su primer gol en el torneo.



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  Reinoso masajeó a Julio Buffarni cuando jugaba en Atlético y también en San Lorenzo, recientemente fue convocado a la selección para una serie de duelos de Eliminatorias para el Mundial de Rusia lo llamo por teléfono para contarle y aproveché para preguntarle cómo fue el momento en que el jugador le regaló su camiseta.

 “¡Eeeehh!”, exclamó con un tono de alegría muy particular, como recordando con exactitud el momento, pero recordó algo previo. “La primera emoción me la dio Pascual Rambert, regalándome ¡la mia!, la de River, con los colores míos, y cuando me la dio Buffarini imaginate, camiseta y pantalón con los que jugó ante River. - "¿Sabes lo que cuesta?” Me pregunta como suponiendo que no tengo dimensión de lo que significa para él, luego le cuento que Messi contó públicamente que tiene dolores en el pubis me y pidió que gracias a mi rol de periodista trate de comunicarme con él a través de mi celular o computadora, con el mejor jugador del mundo y también con Di Maria.


Cree que uno a través de internet puede conseguir tener contacto con quien uno desee, dejando en clara evidencia su alejamiento y poco contacto con la tecnología, y la ve como lo que más aportó fue en el ámbito de la comunicación personas que están lejos. Critica absolutamente el resto de los usos y en cómo distrae a la gente el excesivo uso del celular o computadora. Sugiere a todos sus nietos, siempre que se presenta la oportunidad, tomar un diccionario y ‘enriquecerse’ al leerlo.

                                           

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Ya casi finaliza la reunión del día de la madre, sólo queda una mesa chica en el garaje de la casa y José Fernando está mirando el suelo, las huellas de los patines están claramente marcadas en las baldosas verdes con puntos negros, que hasta hace un rato atrás parecían brillar. Las rayas blancas, son pruebas fieles que sus bisnietas trazaron su recorrido por el lugar, pasan unos minutos y las niñas vuelven a la pista ante su atenta mirada, su rostro tiene una muy pequeña y rara sonrisa, que da muestras de resignación y termina aceptando el juego pese a eso. Se sienta y lidera nuevamente la Tafí Viejo. Cuenta que usaba las camisetas 7 y 11, delantero por derecha y el que usaba la once iba bien pegado por la raya, aclara por si alguno no tenía en claro las posiciones en esa época. Después de la clase de fútbol, insiste que cualquiera que esté en edad, puede jugar al fútbol de hoy. El fútbol ha cambiado con el tiempo y también sus maneras de verlo y jugarlo. José, tiene su postura firme en que los jugadores de antes eran mucho mejores, aclarando que hace mención desde su nacimiento en 1933 hasta la década del 70 u 80, cuando apareció Diego Armando Maradona, aunque confesó no ser afín a su manera de ser.
mesa, hace un silencio y aprovecha que la conversación es de fútbol para recordar su etapa de futbolista en

Como Pelé y Maradona, en mi época había cientos”.

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Mientras completa un crucigrama que compró, le preparo el café con leche con galletitas y charlamos, la política se hizo presente. Tocamos el tema Perón y su cara lo dice todo. Confesó hasta ser en un momento seguidor y amante del ex Presidente, pero pensando en frío y analizando todo, asegura que su actual rechazo viene desde lo discursivo y su accionar cuando compró los ferrocarriles a Inglaterra, que en el período de dos años pasarían a ser argentinos, considera que Juan Domingo Perón inducía a amarlo, el que no era peronista era casi ‘perseguido’ en la estación de ferrocarriles de Tafí Viejo donde trabajó durante esa época, eso lo terminó convenciendo de dejar de formar parte de ese grupo. No tiene problemas en blanquear y contar que sus votos siempre están dirigidos a representantes de la Unión Cívica Radical.




 En cuanto a la religión también demostró ser cerrado y con una postura firme: Dios no existe, es pura mentira.

El hombre creó a Dios, no Dios al hombre, es exactamente al revés”, lo afirma con una risa irónica.


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  Pascual Rambert, Cavenaghi, Martín Demichelis, Facundo Pérez Castro, el "Anguila" Gutierrez,  el Turko Hanuch (ex Independiente, Olimpo, Estudiantes, Chicago), Satanás Páez, Gastón Stang, Píriz AlvezDiego Barrado, Bruno Bianchi, Julio Buffarini, Carlos Valdéz (San Lorenzo), Araujo (Lanus), Eduardo Scwank (tenista), Juan José Morales, Bruno Bianchi, Gustavo Ibañez, Jorge Serrano, Miguel Nievas Escobar, Fernando Fligman, Juan Monge, Leandro Ávila, Ramón Lentini, el “Tigre” Amaya, Carlos Chacana, Lucas Chacana, Walter López (uruguayo que jugó en 2004 en San Martín y luego se consagró campeón con Cerro Porteño en Paraguay, Peñarol en Uruguay, jugó en West Ham, entre otros clubes importantes a nivel mundial).



Son algunos de los deportistas que recibieron su atención, como así también muchos otros que hasta les cuesta hacer memoria y prefiere parar de contar, antes de olvidarse puntualmente de alguno.

  Hoy, continúa trabajando sus clientes ajenos al deporte y con algunos referentes del plantel de Atlético, mientras asiste  a las prácticas del “Santo” y espera la llamada o el contacto mío con Mauro Quiroga y César Abregú, lesionados del plantel de San Martín, como así también al resto de los jugadores. En 2008, Carlos Roldán le pidió que no se acerque a los jugadores por respeto al cuerpo médico, hoy no son los mismos, pero considera que todavía lo quieren algo distante.

  A su lucha, en su momento le dijo basta, hasta por pedido de su mujer; sin embargo, ya parece incansable, y continúa tras ella con el único fin de lograr lo que desea: curar el dolor y sanar las lesiones de los futbolistas de San Martín, ya cansado de ver por televisión o escuchar el diario o leer el diario que por una ‘simple contractura’, se pierdan el siguiente partido. La lucha, como todas es larga y difícil, pero él insiste y nunca se rinde, continúa luchando por concientizar el mal que acecha al fútbol: las lesiones.

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